El Señor me dio el siguiente mensaje:—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones. Oh Señor Soberano—respondí—. ¡No puedo hablar por ti! ¡Soy demasiado joven!
Jeremías 1:4-6 (NTV)
Todos tenemos nuestras propias conversaciones internas, juicios que establecemos sobre nuestra vida, como: “Yo no puedo, yo no estoy para esto, aquel piensa esto de mí”, todas esas cosas atentan contra este carácter que Cristo quiere formar en nosotros porque empezamos a prestarle atención a esos pensamientos y muchas veces sesgan lo que Dios quiere hacer.
Si hemos sido dañados en algún momento podemos quedar atados a esa situación ¿Recuerdan el dicho? “Cuando uno se quema con leche ve la vaca y llora”
También podemos dejarnos llevar por nuestros sentimientos y emociones “si lo siento lo hago, si no lo siento no”. Si solo ponemos nuestra confianza y nuestras decisiones en lo que nos pasa o en lo que sentimos atentamos contra lo que Dios quiere.
Hay costumbres y maneras propias de cada uno. Por ejemplo, algunas familias establecen que a la hora de comer no se utiliza el celular ni se ve televisión, en otras en cambio, pueden tener la costumbre contraria.
No es que esté bien o esté mal, cada cual tiene distintas formas de llevar adelante su vida. Ahora, cuando hacemos de estas formas algo tan fuerte, tan rígido pueden confundirse con la voluntad de Dios.
Pastores Patricia y Gabriel Nonini
Hay una película algo graciosa que se llama “Sí Señor”, el protagonista es alguien que vive una vida monótona, en su trabajo no le va bien, casi no tiene amigos y siempre rechaza invitaciones a casi todo lo que le proponen hasta que un amigo le recomienda ir a una conferencia que dicta un famoso gurú de autoayuda, él acepta y ahí escucha que de ahora en adelante tiene que decir que sí a todo. Cuando sale de allí pone en práctica esa fórmula literalmente y comienza a responder “sí”, por más disparatada que sea la propuesta. Lo aplica como fórmula para todo, sin ninguna excepción. Se atreve a nuevos desafíos, vive diferentes aventuras, toma decisiones arriesgadas en su trabajo y todo comienza a irle muy bien por un tiempo… No quiero contarte el final.
El punto que me interesa destacar es que a menudo nos autoexcluimos de tareas, relaciones y hasta oportunidades de servicio porque tenemos incorporada una determinada imagen de nosotros mismos. Nunca sabremos qué somos capaces de lograr hasta que no nos pongamos a prueba, aun corriendo el riesgo de parecer ridículos.
Un pastor, conocido por sus dones de sanidad, comentaba en una de sus conferencias para líderes que cuando empezó a orar por los enfermos nadie se sanaba. Vez tras vez seguía intentándolo y fracasaba de nuevo. Sentía que se estaba exponiendo y que hacía el ridículo solo para no obtener ningún resultado. Hasta que un día tomó conciencia de que su tarea era orar, creer y arriesgarse, la tarea de sanar era de Dios, esa convicción lo hizo libre para orar por los enfermos en cualquier lugar, el Señor comenzó a liberar Su poder y él comenzó a ver cómo los enfermos eran sanados, eso alimentó su confianza y luego continuó con su tarea e instruyó a los miembros de su iglesia para que hicieran lo mismo. Su comunidad de fe ha visto numerosos milagros como resultado de esta instrucción sencilla y práctica y él ha escrito libros y disertado en conferencias llevando bendición a distintos lugares del mundo.
Cada uno de nosotros tenemos uno o más puntos débiles o nos sentimos inseguros de avanzar y ver como Dios usa nuestras vidas. La vergüenza, el ridículo, la inconstancia, y hasta la pereza son algunas de las causas que detienen la propuesta de servicio que Dios nos hizo desde que lo aceptamos como Señor. Y… si, hasta le adjudicamos a Dios, a la iglesia, las circunstancias nuestra falta de resultados.
Hoy después de una pandemia que nos detuvo en muchas de las tareas que hacíamos nuestra iglesia se está reactivando y disfrutando reencuentros en el ministerio, por eso te animamos a sumarte, acercarte y potenciar tu llamado y el de los demás.
El desafío es cambiar el: “Yo no” por “Acá estoy para ser parte”
