«Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré»
Juan 14:14
Me encanta estar de vacaciones y pensar en cómo seguir conectados con Jesús, así como también en la importancia de ayudar a nuestros amigos. Esto es algo que vimos en el devocional de la semana pasada.
Hoy quiero compartirte historias de hombres que fueron tan simples como vos o como yo, pero que lograron cosas grandes a través de la oración.
Tenés que saber que la oración es la herramienta más poderosa que tenemos para hablar con Dios. No necesitás ser maestro ni pastor en la iglesia para orar. Es muy importante orar en la iglesia, pero también podés hacerlo en tu casa, en el club, en la playa, en la montaña… donde sea que estés.
Un hombre llamado Elías se enfrentó a los profetas de Baal, que eran como los pastores de hoy, pero que creían en una estatua como si fuera un dios. Ellos pensaban que Baal tenía más poder que Dios, así que armaron un altar y pasaron todo el día pidiéndole que hiciera descender fuego del cielo… pero no pasó nada.
Cuando le tocó el turno a Elías, que también era profeta pero creía en el Dios verdadero, mojó completamente su altar con baldes de agua y oró así:
«Señor, Dios de nuestros antepasados, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu siervo y que he hecho todo en obediencia a tu palabra».
Apenas terminó de orar, Dios envió fuego del cielo y consumió por completo el altar.
Si querés leer esta historia en la Biblia, buscá 1 Reyes 18:25-37.
Otra historia es la de Pedro, quien era discípulo de Jesús. Después de que Jesús ascendió al cielo, los discípulos se dispersaron para hablar de Él en distintos lugares. Pero las autoridades no querían que lo hicieran, y por eso Pedro fue encarcelado por predicar.
Mientras él estaba preso, la iglesia oraba constantemente por él. De repente, un ángel apareció en la cárcel, una luz iluminó el calabozo, despertó a Pedro y le dijo:
«Date prisa, levántate».
¡Uahuuuu! En ese instante, las cadenas cayeron de sus manos. Pedro se vistió, siguió al ángel y, cuando menos lo pensó, ya estaba afuera de la ciudad.
Impactado por lo sucedido, Pedro dijo:
«Ahora estoy completamente seguro de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme».
Podés leer esta historia en Hechos 12:5-11.
Solo te compartí dos historias de nuestro gran libro, la Biblia, pero hay muchas más.
Jesús nos dijo:
«Les aseguro que, si tienen fe y no dudan, podrán hacer cosas increíbles».
Hoy quiero que sepas que, para orar, necesitamos creer en Jesús, es decir, tener fe en Él.
Pensá en que Jesús te está escuchando. Creé. Unite a otros en oración… Y no dudes, porque Dios es poderoso. Dios te ama y quiere hacer cosas buenas en tu vida y también bendecir a los que te rodean: tu familia, amigos, compañeros, vecinos.
Las historias de la Biblia son verdaderas y nos enseñan sobre el poder de la oración.
Seguramente en la iglesia hay muchas personas que necesitan de tu oración. Apartá unos minutitos en este tiempo de vacaciones para orar por ellos, porque cuando oramos por los demás, Jesús nos bendice.
