Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones.
Filipenses 4.13 TLA
¿Sabés qué me gustaría preguntarte hoy? ¿Qué es lo que más te gusta hacer?
Eso que te divierte, te entretiene… (No sé si todavía se dice así, pero cuando yo era chica le decíamos hobby). Puede ser un deporte, como fútbol, vóley o natación. O tal vez pintar, cocinar…
Todos tenemos algo que nos gusta hacer. Y también todos tenemos un referente: alguien a quien admiramos, que hace esa actividad y nos encanta ver cómo lo hace. Creemos que lo hace mejor que nadie.
Cuando yo era chica, me gustaba mucho jugar al tenis. Era malísima para jugar ¡no me salía ni un saque!. En esa época había una tenista muy famosa que se llamaba Gabriela Sabatini. Ella ganó los premios más importantes de ese deporte en ese momento.
¿Y vos? En la actividad que haces, ¿quién es ese personaje que admirás?
Pensemos que te gusta jugar al fútbol. Y un día suena el timbre de casa…
abrís la puerta… ¡y ahí está Messi! Sí, ¡Messi!
Y te dice: -“Vi un video tuyo jugando al fútbol. Me encantó. Me gusta mucho cómo jugás”.
Vos sabés que no siempre jugás bien, que no practicás tanto, y apenas podés decirle: “Eh… gracias”. Con tu voz temblorosa
Pero eso no es todo. Messi sigue hablando, te da un regalo y dice: – “Quiero que juegues en mi equipo”.
– ¡Pará! ¿Quéee? ¿Yo? ¿Con vos, Messi? ¡No puede ser! Cuando lográs caer en la realidad, le decís: “Mirá, la verdad es que no juego tan bien… cuando quiero hacer un pase, no siempre llega al compañero. Cuando saco un lateral, no sale tan fuerte como quisiera. Y cuando pateo al arco… mejor ni hablemos”.
Pero Messi insiste y te dice: “Quedate tranquilo. Yo voy a hacer de vos un excelente jugador, porque creo en vos. Porque sé el potencial que tenés”. ¡WOW!
¿Sabés qué? Algo así hace Jesús con nosotros todos los días. Yo sé que no soy una persona perfecta. A veces quiero hacer las cosas bien y no me salen tan bien.
Pero Jesús me mira con amor y me dice: “Yo sé que vos podés hacerlo, porque estoy con vos. Estoy para ayudarte a hacer eso que te cuesta”.
¡Qué bueno poder contar con Jesús! Para mí, Él es mi superhéroe. Pero no porque tenga una capa o venga volando. Él es mi superhéroe porque me ama, aun sabiendo que no soy perfecta.
Es mi superhéroe porque siempre que quiero hablar con Él, está dispuesto a escucharme. Y es mi superhéroe porque la Biblia dice que Él me ama más que nadie.
Cada día quiero conocer más de Jesús, mi superhéroe, el que me ama, me escucha y nunca se rinde conmigo.”
