Promesas que se cumplen

Promesas que se cumplen

Sigamos confiando en que Dios nos salvará. No lo dudemos ni un instante, porque él cumplirá lo que prometió.

Hebreos 10.23

“Mamá, el   otro día… Me dijiste que íbamos a ir al kiosco después de ir a lo de tu amiga, pero no fuimos. Cuando salimos ya estaba cerrado… y no me compraste nada.”

Soy mamá de dos hijos y, si les preguntan a ellos, seguro tienen varias historias parecidas para contar. Promesas que no se cumplieron.
A veces por falta de tiempo, otras porque llovió, porque algo se atrasó o simplemente porque la vida pasó.

Si miro hacia atrás, también recuerdo promesas que otras personas me hicieron a mí y que no se cumplieron. No solo cuando era chica, sino también de adulta. Muchas veces no hubo mala intención, pero aun así, la promesa quedó pendiente… o rota.

Hace muchos años conocí algo distinto: el amor de Dios. Desde chica fui a la iglesia, escuché hablar de Él, aprendí lo que dice la Biblia. Y con el tiempo entendí que la Biblia no es solo un libro: es una manera de conocer a Dios, de acercarnos a Él y de descubrir cómo es su corazón.

Cuanto más conocés su amor —cómo te ama, con cuánta fidelidad y hasta dónde es capaz de llegar por vos— más ganas dan de seguir buscándolo.

Y hay algo que siempre me sorprende:
a Dios no se le complica cumplir lo que promete.
Él cumple.
Siempre.
Y en el tiempo justo.

Tal vez hoy estés esperando algo que parece tardar.
Te animo a confiar: Dios es un Dios de promesas cumplidas.
Y todavía tiene mucho preparado para vos.