Un tiempo con Jesús

Un tiempo con Jesús

Me gusta mucho aprender cada día un poco más sobre Jesús.
En la Biblia encontramos muchísimas historias sobre Él.

Jesús siempre estaba rodeado de gente. Había personas que querían escucharlo y aprender, entonces iban a donde Él estaba y lo seguían a todos lados.

También tenía un grupo de amigos más cercano. ¡Cómo me gustaría escuchar a Lázaro, María y Marta contar historias sobre Jesús! Él pasaba tiempo en su casa, compartía comidas y momentos especiales con ellos.

Pero además, Jesús tenía un grupo de amigos muy, muy íntimos: sus discípulos.
Con ellos pasaba casi todo el día. Caminaban juntos de un pueblo a otro, comían juntos y descansaban juntos. Desde que se levantaban hasta que se iban a dormir, estaban con Jesús.
Jesús quería enseñarles todo lo que sabía sobre Dios, para que después ellos también pudieran enseñarlo a otros. Aprendían no solo de lo que Jesús decía, sino también de todo lo que Él hacía.

Un día, Jesús estuvo hablando a una gran multitud. Como muchas otras veces, estaba muy cansado.
Entonces les dijo a sus discípulos:
—Busquemos un barco y vayamos al otro lado del lago para descansar un poco.

Jesús estaba tan cansado que, apenas subió al barco… ¡se quedó profundamente dormido!
Pero cuando el barco ya estaba a mitad del camino, el cielo se puso negro, comenzaron los truenos, el viento soplaba muy fuerte y las olas eran enormes. ¡Había una gran tormenta!

Los discípulos, que sabían de barcos y del mar, estaban muy asustados.
¿Y Jesús? ¡Jesús dormía tranquilamente!

Entonces lo despertaron y le dijeron con vos muy muy asustada:
—¡Jesús! ¿Cómo podés dormir con esta tormenta?

Jesús se despertó, se estiró, con mucha tranquilidad  y les dijo:
—¿Por qué tienen miedo? ¿No recuerdan todo lo que les enseñé?

Luego miró al cielo y dijo a la tormenta:
—¡Calma!

En ese mismo instante, el viento dejó de soplar, las olas se calmaron, las nubes se fueron…
Y lo más importante: los que estaban con Jesús sintieron paz en su corazón.

Cuando estoy en medio de un problema, no importa qué tan grande sea para mí, sé que puedo orar.
Jesús tiene poder para calmar todas las tormentas… incluso las tormentas de mi corazón.