Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

1° Juan 5:4-5

“El alpinista es quien conduce su cuerpo allá donde un día sus ojos lo soñaron”. 

Gastón Rébuffat

Esta cita pertenece a un conocido alpinista y guía de montaña francés, célebre por su participación en la expedición francesa al Annapurna, un macizo montañoso en el centro de la cordillera del Himalaya, que está a 8091 metros sobre el nivel del mar. Es la décima montaña más alta de la Tierra y, posiblemente, la más difícil de escalar.

La técnica de escalada llamada “Gastón”, se llama así por él. Recibió la condecoración francesa de “Caballero de la Legión de Honor” en el año 1984.

Su insistencia en ver un ascenso como un acto de armoniosa comunión con la montaña, y no  como una batalla emprendida contra ella pareció radical en aquella época.

Este escalador venció sus propias dificultades, miedos y desventajas y se determinó a alcanzar su meta.

Seguramente atravesaste o estás transitando el proceso de subir tus propias montañas, y es necesario que tengas en cuenta que, al creer en el Señor como tu Salvador, sos declarado como ‘vencedor, vencedora”. 

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Romanos 8:37 RVR

El apóstol Pablo al escribir esta epístola hace una serie de preguntas retóricas: ¿Quién contra nosotros? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  ¿Quién es el que condenará?  ¿Quién nos separará del amor de Cristo?

Las cosas de las que habla este pasaje son situaciones límites: ‘tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro” podríamos agregar muerte, desesperanza, pánico, stress…  para nosotros vivir este tipo de  realidades puede ser devastador, y hoy convivimos con una realidad que a veces nos supera.

Podemos sufrir porque estamos sujetos a nuestra condición humana, así que tribulación, o angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, se pueden presentar de diferentes maneras y a través de muchas circunstancias pero “a pesar de…” Cristo ganó la victoria para nosotros.

Nuestra encrucijada suele estar en que esa victoria tiene que estar arraigada en nuestro interior… derribando cualquier duda. Debemos creerla internamente, potenciarla y alimentarla por el poder del Espíritu Santo. 

El poeta Almafuerte en uno de sus poemas más conocidos  nos impregna de valor al escribir acerca de la voluntad propia, la insistencia y la determinación de ser quien uno debe ser.

“No te des por vencido, ni aun vencido. No te sientas esclavo ni aun esclavo. (…) Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo…” Almafuerte

Estos versos son inspiradores, pero muy difíciles de vivir en las propias fuerzas, por eso Dios te declara vencedor, porque Él pelea la batalla por vos y te inspira y sostiene frente a cualquier montaña.

No se trata de no enfrentar problemas, sino de creer que de alguna manera alcanzaremos victoria, de esperar los tiempos nuevos, de batallar con la desesperanza. 

¿Cómo te declarás hoy?

Tomá un tiempo para orar y charlar con tu Señor, para pedir al Espíritu que te convenza y te enfoque. Hoy Dios te recuerda tu condición de victorioso.

Ruth O. Herrera

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