Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados.
2 Corintios 4.6-8 NVI
(Énfasis del autor)
En este tiempo se han desatado diferentes tipos de temores, algunos incluso se han acentuado mucho más: la fobia, el aislamiento, a raíz de este virus que anda circulando, existen otros tipos de temores: al futuro, a la falta de realización con respecto a la formación de una familia, qué puede suceder con mis hijos, qué puede suceder con mi salud, qué sucede si pierdo el trabajo, si pierdo mi obra social… en fin mil cosas que pueden ocupar nuestros pensamientos.
Independientemente de eso está bueno pensar como David que antes de hacerse la pregunta ¿de quién temeré? reafirma Jehová es mi luz y mi salvación. Todo este menú que tengo delante de mí es una realidad pero ¿de quién temeré si en realidad tengo al Señor?
Pastor Milton Cariaga
Así como le sucedió a David, muchos años más tarde el apóstol Pablo nos recuerda que Dios que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas también hizo que esa luz brille en nuestros corazones.
Si somos capaces de reconocer nuestra fragilidad y limitaciones sin avergonzarnos ni esconderlas permitiendo que la presencia de Cristo que es nuestro tesoro crezca en nuestro interior y permanezca incrustado en nuestra débil humanidad será claramente visible que ese poder viene de Dios y no de nosotros.
No es que no vamos a tener problemas, de hecho, la palabra tribulación utilizada en este pasaje significa congoja, pena, tormento y también aflicción moral, persecución o adversidad que padece una persona.
La preposición, pero se utiliza para contraponer a un concepto otro diverso o que lo amplía.
Nosotros, a menudo la asociamos a algo negativo. Hemos escuchado seguramente alguna vez que alguien dice “Fulano siempre tiene un pero…” queriendo decir que esa persona pone excusas o agrega negatividad a alguna situación o comentario.
Pablo le asigna una connotación diferente, porque parte del punto de vista correcto, hacia el cual estamos llamados a enfocarnos una y otra vez.
Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos;
Perplejos, pero no desesperados.
¿Por qué es posible esta experiencia? Por la misma razón que el salmista decía. Vemos en el texto de Pablo la referencia a la luz.
David decía “El Señor es mi luz” Pablo agrega que Dios hizo brillar esa luz en nuestros corazones en medio de nuestras penas, congojas, incertidumbres y confusiones.
¿Te ves a vos mismo atribulado en todo? La palabra te recuerda que no estás abatido.
¿Hay cosas a tu alrededor que te dejan perplejo (Dudoso, incierto, irresoluto, confuso)? Declará acorde a la Escritura que no estás desesperado.
El Señor no solo es tu luz, también es tu esperanza.
Leave a Reply