Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro gran Sumo sacerdote que ha entrado en el cielo. Por eso debemos seguir firmes en la fe que profesamos.  Pues nuestro Sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó.  Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.

Hebreos 4: 14-16 DHH

(Énfasis del autor)

Hay cosas que podemos evitarlas, otras van a costar más pero es importante que reconozcamos que somos vulnerables. Somos humanos y podemos fallar. Todos nos podemos equivocar, yo me equivoco como pastor, como esposo, como padre, como compañero de trabajo, como vecino… De nada sirve esconderlo o no aceptarlo. Lo primero que tenemos que hacer es reconocer lo que hacemos, sacarlo a la luz. Admitirlo. Sí, grito; sí, me enojo; sí, reacciono mal.

En segundo lugar, debemos ir a la presencia del Señor y presentarnos, así como estamos. A mí me ha sucedido, a veces me he enojado y después he ido a orar y oré por el mundo y por temas generales, como si nada hubiera pasado. Cuando eso sucede puedo ver que no soy coherente, porque acabo de hacer algo que a Dios no le agrada y de golpe me arrodillo para orar y no hablo con Dios de eso. Dios nos conoce, me conoce gritando y me conoce delante de Su presencia. Dios no está de acuerdo con que seamos bipolares porque Dios nos quiere completos.

Cuando hay algo que no podemos dominar, que nos está molestando vayamos a Su presencia confiadamente. No tengamos vergüenza, Él nos conoce. Vayamos.

Y si aun estás luchando y ves que no podés, no ves cambios ni avances en esa área Buscá ayuda. La iglesia, tu comunidad de fe, está para eso. Estamos para ayudarnos unos a otros. No estás solo. Muchos de nosotros podemos estar atravesando la misma situación y estamos para ayudarnos, para sostenernos, sin juzgarnos. Hace bien hablar, compartir las dificultades y luchas con alguien de confianza, con un líder. Las redes semanales son un espacio precioso para que podamos abrir nuestro corazón, orar y contenernos unos a otros.

Pastor Gabriel Nonini

Cuando decimos o hacemos algo que sabemos que está mal, nos cuesta admitirlo. Les pasa a niños y a adultos, es algo que traemos por naturaleza, desde Adán hasta la fecha, nuestra primera reacción es escondernos, justificarnos o hacer recaer la culpa en otros. Todos compartimos esa misma naturaleza. Su origen se remonta a Adán y Eva cuando desobedecieron a Dios y comieron el fruto prohibido.

Dios priorizó la relación y, aunque conocía la situación, hizo preguntas buscando una respuesta sincera, no lo logró. Sin embargo, ante la realidad de que estaban desnudos les hizo ropas de pieles para vestirlos.

Si bien conocemos esta realidad, nuestra primera reacción suele ser exactamente la misma que la de esta primera pareja que es escondernos, hacer como que nada sucedió, justificarnos o transferir la culpa a otros. Por eso es que el autor de Hebreos escribe que nuestro Sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó.

Generalmente, cuando atravesamos un problema, la persona que mejor puede entendernos es la que pasó por una situación similar, porque sabe de qué se trata. Puede identificarse con nosotros. Conoce todo el proceso y las emociones que lo acompañan, nos escucha con atención y puede darnos opciones que a lo mejor ni siquiera habíamos tenido en cuenta.

De la misma manera Cristo es aquel que realmente puede compadecerse de nuestra debilidad porque estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros, y triunfó sobre ellas, porque nunca pecó. Como hombre conoció en primera persona la debilidad y naturaleza proclive al pecado. Sumado a todo esto, nos ama y tiene poder para revertir cualquier situación por negativa que sea

La función del Sumo Sacerdote era entrar en el lugar Santísimo una vez al año para hacer expiación por el pecado de todo el pueblo. Cristo se ofreció a sí mismo de una vez y para siempre como sacrificio por el pecado de todos nosotros. Por Él alcanzamos el perdón para comenzar nuestra vida cristiana y seguimos acercándonos a Su presencia cada vez que necesitamos volver a empezar, porque solo en Él hay posibilidades de comenzar de nuevo una y otra vez.

Aunque conozcas Su amor y perdón desde hace tiempo, pero no estás envuelto por el Espíritu Santo… hoy es el día ¡Acercate!

Leave a Reply

Your email address will not be published.