No hagan que se entristezca el Espíritu Santo de Dios, con el que ustedes han sido sellados para distinguirlos como propiedad de Dios el día en que él les dé la liberación definitiva. Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.  Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Efesios 4:30-32 DHH

(Énfasis del autor)

Pablo nos exhorta a que no apaguemos el fuego, entonces, podemos preguntarnos dos cosas.  ¿Qué es lo que puede apagar el fuego? y ¿Qué es lo que puede encenderlo?

El texto de Efesios nos dice que alejemos de nosotros una lista de acciones que apagan ese fuego.

En nuestro día a día, hay varias consecuencias que generó la llegada del covid: dificultades económicas, convivencias extendidas dentro de nuestro hogar o en distintos lugares. Todos hemos sido afectados. Esta circunstancia desconocida afecta nuestros estados de ánimo, nuestras emociones y muchas veces permitimos que algunas de las cosas que apagan el fuego del Espíritu Santo se instalen en nuestra vida.

Hice una listita de cuatro o cinco cosas con las que, tal vez, vos te sientas identificado: Gritar; enojarte; ser indiferente al otro y a sus necesidades, a tu pareja, a tu hijo, a tus padres, en cosas en que podés ayudar. Apatía; intolerancia; poca paciencia y hasta maltrato verbal, incluso físico.  Esto incluye nuestros ámbitos de trabajo. Hay mucha tensión en el aire.  Estas cosas pasan hoy en nuestros hogares. Es una realidad, pero Pablo nos dice que “agrademos al Señor” y sabemos que estas cosas no le agradan.

Podemos tener diferentes justificaciones, pero estas cosas no agradan a Papá y debemos resolverlas. Pensemos por ejemplo en ¿cómo estamos administrando el tiempo? ¿En qué lo invertimos? Hoy pasamos más tiempo dentro de nuestras casas y una manera de comunicarnos es a través de las redes sociales, pero ¿Cómo las estás usando? ¿Qué estás leyendo de las redes sociales? ¿Qué estás escribiendo? ¿Qué estás reenviando?  ¿Son cosas que agradan a Dios?

Pastor Gabriel Nonini

Todas las situaciones mencionadas nos tocan de cerca a cada uno de nosotros. Estamos atravesando una situación inédita, que además se prolonga en el tiempo y provoca mucha incertidumbre. Hay que readaptarse una y otra vez y no hay un panorama claro hacia el futuro. Entonces, cada uno reacciona como puede. La tensión que está en el aire encuentra dónde depositarse, y lamentablemente, suele suceder que descarguemos las frustraciones y tensiones con quienes amamos o con aquellos que por algún motivo son más vulnerables. Los que viven con nosotros nos conocen bien, en casa es el lugar donde por así decirlo, nos sacamos los zapatos y nos ponemos las chinelas…nos mostramos como realmente somos. En los intercambios sociales guardamos ciertas formas, de acuerdo a los roles que desempeñamos.

Pablo conocía esta condición humana, sin ir más lejos, su propio carácter era explosivo, así que sabía por experiencia propia de qué estaba hablando cuando redactaba el texto.

Allí señala que hay cosas que tenemos que alejar, pero como contrapartida, hay cosas que debemos “acercar” por decirlo de alguna manera. Se mencionan en la segunda parte del versículo:

Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Efesios 4: 32 DHH

(Énfasis del autor)

O sea, en tiempos difíciles donde lo “normal” es que tengamos reacciones desagradables, pero humanamente esperables, cada uno conoce sus propias limitaciones, el Señor nos llama a obrar en el espíritu opuesto. ¿Por qué? porque así obró y obra Él todos los días con nosotros. Todo se trata siempre de relación.

¿De qué manera somos buenos y compasivos? En este tiempo hay muchísimas oportunidades de practicar el perdón, precisamente porque nos cuesta alejar los enojos y…toda la lista que sigue. La sensibilidad está a flor de piel y las ofensas son bastante comunes, por lo tanto se nos llama a perdonar de la misma manera como Dios nos perdonó a nosotros. En Cristo.

Sin duda no es posible hacerlo en nuestras propias fuerzas, por eso como ya dijimos debemos permitir deliberadamente que el Espíritu fluya a través de nosotros.

Es un ejercicio diario, tendremos errores, pero Papá que ve en la profundidad del corazón y sabe que tu deseo es agradarlo va a seguir insistiendo, te va a capacitar a través de las situaciones de todos los días para que puedas seguir aprendiendo de Él.

Que el Señor te bendiga con un espíritu de bondad, compasión y perdón.

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