«Antes de que yo te formara en el vientre de tu madre,    ya te conocía. Antes de que nacieras,    ya te había elegido    para que fueras un profeta para las naciones».

Jeremías 1:4 y 5 PDT

Debemos apoderarnos de la palabra que Dios tiene para nosotros, para que podamos andar en ella, en el camino que nos va trazando, y esa tarea te la dejo a vos. Permitite entrar a los secretos y a la belleza que tiene la Palabra de Dios. Dejá que te impregne. Cuando hablo acerca de ser impregnados estoy hablando ni más ni menos que de la acción del Espíritu Santo que toma la Palabra que es a veces el logo, lo intelectual, lo que entró por tu cabeza pero que va siendo asimilado en tu interior por la acción del Espíritu Santo y llegue a ser una palabra viva y eficaz.

Pastor Milton Cariaga

Jeremías fue una persona común, como vos y yo. En él vemos plasmado en forma concreta el tema del que hablábamos ayer. Dios tenía un plan para su vida y se lo indicó de manera muy precisa. Ahora, una cosa es que el Señor te indique la tarea y otra muy distinta que vos puedas asumirla…generalmente lo que observamos en los personajes bíblicos es que sus primeras respuestas reflejan temor, dudas, incertidumbre y el acento puesto claramente en sus limitaciones humanas.

¿Te suena conocido? Todos participamos de la misma naturaleza, tenemos más o menos inseguridades, algunos son más impulsivos, otros más pensantes, pero a la hora del llamado que Papá nos hace nuestra seguridad se diluye… porque pensamos de forma muy distinta. ¿Leemos juntos la respuesta de Jeremías?

   Entonces yo le respondí: —Pero Señor DIOS, yo soy muy joven y no sé hablar en público. 

Dios tenía un argumento mucho más fuerte y se lo dejó muy en claro.

-Él enviaba

-Él le ordenaría lo que iba a decir

-Él lo protegería.

-Esa era la decisión del Señor

Y el SEÑOR me dijo: —No digas que sólo eres un joven, porque irás a donde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene.  No le temas a la gente, porque yo estaré protegiéndote. Es la decisión del SEÑOR.

Jeremías 1:6-8 PDT

 Jeremías se apropió con todas sus fuerzas de la palabra que el Señor le dio.

Tengo un afecto especial por este profeta, es muy diferente a Elías, Eliseo o aun a Isaías. No siempre la pasó bien, generalmente su palabra no era muy positiva y tuvo que confrontar a profetas que daban palabras diferentes pero a quienes Dios no había enviado. ¿Cómo lo supo? El Señor se lo fue revelando paso a paso. Hubo momentos en que quiso dejar todo pero precisamente en esas circunstancias la Palabra estaba tan impregnada en su ser que no podía dejar de darla, no podía dejar de ser la persona que Dios diseñó que fuera.

 Tal vez sientas, como yo, que el ejemplo nos queda un poco grande en cuanto a la misión del profeta…pero podemos identificarnos con el hecho de que en un mundo que ignora a Dios  cada vez más a menudo vamos a ir a contramano de las tendencias que nos rodean, sintiéndonos descolocados y hasta confundidos. Sin embargo el Señor quiere que te apropies de lo que Él te dio como tarea, de ese camino que Él quiere ir trazando, aunque en este momento no veas grandes resultados. 

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