¿No es acaso mi palabra como fuego, y como martillo que pulveriza la roca? —Afirma el Señor—.

Jeremías 23: 29 NVI

En los tiempos bíblicos había profetas como Eliseo que contaban con el favor de Dios y  llevaban a cabo un ministerio reconocido, también había sirvientes que fueron fieles en hacer su parte. La que aconsejó a  Naamán para que vaya a ver al profeta fue una sirvienta, el que dio el mensaje de parte de Eliseo fue su sirviente; los que aconsejaron a Naamán para que obedeciera fueron sus propios sirvientes. Personas sencillas y simples que oportunamente y con sabiduría aconsejaban a aquellos que estaban en autoridad.

Ese es el rol de la iglesia hoy. Tal vez no tengas acceso a las personas que gobiernan y toman decisiones, pero en tu lugar secreto tenés que clamar, orar, vos tenés que dar el consejo en lo secreto para que en lo espiritual sea transportado, llegue y se haga realidad en lo material.

Pastor Cristian Centeno

Hace poco más de un año que nuestro ritmo de vida se ha visto alterado por factores externos que no podemos cambiar. Estamos transitando situaciones inéditas para las cuales no estábamos preparados y  que han modificado desde las tareas que hacemos hasta la forma de relacionarnos. Estos tiempos también  cuestionan y sacuden nuestra fe.

Nuestra mirada a menudo está impregnada de temores y limitaciones que observamos en lo inmediato, eso puede empañar nuestra confianza en el Señor y probablemente nos haga descartar de inmediato toda declaración osada en lo espiritual.

¿Cómo alimentamos la fe? ¿De qué manera descubrimos la obra del Señor en lo cotidiano? ¿Podemos percibirla? A veces sí, en parte; otras veces no, porque medimos las circunstancias desde otra dimensión.

Esto no es nuevo. Los apóstoles compartían muchísimo tiempo con Jesús, sin embargo, estaban en otra sintonía. Ellos se veían a sí mismos y observaban la realidad social que vivían. ¿Qué necesitaban? Según su perspectiva ¡Más fe! ¿A quién se la piden?  Al Maestro, por supuesto.

Los apóstoles pidieron al Señor: —Danos más fe. El Señor les contestó: —Si ustedes tuvieran fe, aunque solo fuera del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a este árbol: “Arráncate de aquí y plántate en el mar”, y les haría caso.

Lucas 17: 5 y 6 DHH

(Énfasis del autor)

Los amigos del Señor creían que necesitaban más cantidad de fe, Jesús tenía otro enfoque muy diferente

—Si ustedes tuvieran fe, aunque solo fuera del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a este árbol: “Arráncate de aquí y plántate en el mar”, y les haría caso.

¿Te imaginás dándole órdenes a un árbol?  Además el Señor agrega que la planta ¡te haría caso!

No te hace falta más poder, no es necesaria una fe gigante. No se trata de lo que vos y yo tenemos; cómo nos sentimos o cuán espirituales somos. Se trata de confiar en Él y sea cual sea la medida de fe que tengamos ponerla en acción.

Es tiempo de animarnos a declarar en sintonía, en armonía con los deseos del Señor la palabra  en el ámbito espiritual, para que produzca cambios en lo material.

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