Tú llevas la cuenta de mis huidas; tú recoges cada una de mis lágrimas. Mis enemigos se pondrán en retirada cuando yo te pida ayuda. Yo sé muy bien que Dios está de mi parte.

Salmo 56: 8ª y 9 DHH

A menudo estamos como perdidos, no sabemos bien para dónde ir, nuestra mente vaga sin rumbo. La incertidumbre, nuestra fatiga o el agotamiento pueden hacer que tengamos mecanismos de huída. Dentro de nuestras cabecitas en este tiempo tan singular sucede exactamente esto. Nos vamos, huimos, nos cuesta enfrentar nuestro propio dolor, nuestra propia lucha. No vamos al fondo de nuestro dolor y a lo mejor hacemos de Dios alguien a quien recurrimos superficialmente pero  no le permitimos que obre en profundidad en nuestra vida para poder sanarla, darnos aliento, auxiliarnos como decía el salmista. Cuando nos sentimos perdidos es justamente el tiempo oportuno para dejarnos encontrar por Él.

El clamar delante de Papá, lamentarnos y aun llorar en Su presencia, puede ser aquello que nos motive a una comprensión más grande de Dios y de su obrar en nuestra propia vida.

Pastor Hugo Herrera

(Énfasis del autor)

El corazón de la gente clama al Señor con angustia. Bella Sión amurallada, ¡deja que día y noche corran tus lágrimas como un río! ¡No te des un momento de descanso! ¡No retengas el llanto de tus ojos!

Lamentaciones 2:18 NVI

A nadie le gusta sufrir. Básicamente porque no fuimos diseñados para eso. Sin embargo el sufrimiento existe y tarde o temprano todos atravesaremos circunstancias que nos provocarán dolor. Podemos reaccionar a ellas de varias maneras. Enfrentar el dolor es desagradable, hacerlo de la manera adecuada es un desafío…postergarlo no es saludable, como decimos coloquialmente, en algún momento “el cuerpo pasa la factura”.

El reprimir emociones como señal de fortaleza, madurez o símbolo de estatus es cultural, muy posterior a la época bíblica. En la Biblia las mujeres y los hombres claman pidiendo ayuda, lloran, gritan, rasgan sus vestiduras no tienen ningún reparo en expresarse.  En la actualidad está probado científicamente que el llorar tiene  múltiples efectos beneficiosos para el organismo.

Tal vez seas alguien a quien le cuesta llorar, a veces resulta incómodo hacerlo delante de otras personas porque su primera reacción es calmarnos o darnos algún consejo que ni siquiera hemos pedido. La gente se siente impotente ante el llanto y no siempre reacciona de la manera adecuada.

Una de las tantas posibilidades maravillosas del evangelio es que tenemos a Alguien lo suficientemente fuerte y seguro como para poder gritar y llorar en Su presencia. Él siempre nos recibe tal cual estamos y es el único que puede revertir nuestro dolor y hasta transformarlo en salud y gozo.

Hoy vos y yo podemos animarnos a ir con Cristo al fondo de nuestro dolor, despacito, como “en puntas de pie”, no necesitamos vivir escapando. La certeza del salmista es también posibilidad para nosotros. Son nuestros enemigos los que se pondrán en retirada. El Señor está de parte de nosotros y sabe qué hacer con cada una de nuestras lágrimas.

Leave a Reply

Your email address will not be published.