“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.”
Cuando finalmente entró en razón, se dijo a sí mismo: “En casa, hasta los jornaleros tienen comida de sobra, ¡y aquí estoy yo, muriéndome de hambre!”
Lucas 15:17 NTV
En medio de la inmundicia, ocurre el mayor milagro de esta historia. No hubo un terremoto, no cayó fuego del cielo ni mucho menos…El milagro fue silencioso, fruto de ver su realidad tal como era. En silencio, en medio de la humillación y el hambre, el milagro fue el quebrantamiento.
Al recordar y evaluar lo que había despreciado, el hijo en su miseria encontró la sabiduría que había perdido hacía ya tiempo. Pudo volver en sí.
Volver en sí es despertar de la cadena del pecado. Es cuando la ilusión se rompe y ves la realidad con claridad brutal. El hijo mendigo se acordó de quién era realmente su padre. Llegó a la conclusión que había olvidado, de que hasta los obreros y sirvientes tenían un trato generoso. ¡Cualquier condición sería mejor y menos humillante que la actual!
Y es en este punto que quiero detenerme, el muchacho tuvo que vencerse a sí mismo. Humillarse primero en soledad. Negociar su orgullo, arrepentirse y perdonarse para estar listo y volver al hogar que despreció.
Perdonarse a sí mismo es un resultado de conocer y creer que Dios siempre es perdonador. El hijo conocía a su papá, sabía quién era, pero antes de volver pensó cómo podía ser perdonado, y ensayó, ¡sí!, ensayó su discurso. Se probó a sí mismo.
¿Alguna vez creíste haberte equivocado y no pudiste reconocer tu error ante los demás o frente al Señor… por tu propia culpa?
En el fondo, tal vez, no perdonarnos a nosotros mismos es una forma sutil de orgullo.
Confrontarnos con nuestros pecados y asumir la responsabilidad puede sumirnos en la vergüenza, pero tal vez si “sufro lo suficiente, si me detengo en la culpa”, de alguna manera puedo hablarlo o reconocerlo frente a otros.
Sin embargo, si entendemos que la Gracia no es lástima, el camino de regreso es muy corto.
Se había ido a una tierra lejana y su lejanía fue su esperanza, pero en su regreso cada paso, cada metro, cada kilómetro, eran parte del proceso de arrepentimiento y de no esperar ninguna recompensa que no mereciera
Volvió habiendo perdido por absoluto su rebeldía, su soberbia y prepotencia. Volvió totalmente diferente a cómo se había ido. Que el Padre haya actuado con misericordia es tema para otro devocional…
¿Estás intentando pagarle a Dios una deuda que Él ya canceló? ¿Qué errores de tu pasado seguís cargando en tu mochila como castigo propio? Perdonarte no significa justificar lo que hiciste; significa estar de acuerdo con el veredicto de gracia que Dios ya pronunció. Perdonarte significa darle lugar al cambio y al nuevo comienzo que Dios te ofrece.
Ruth O. Herrera

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