Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.

1° Samuel 1: 1-10 RVR60

El primer libro de Samuel nos narra la historia de Ana quien anhelaba ser madre pero era estéril y sufría una agonía muy intensa por no poder ver su deseo hecho realidad. Esto hizo que derramara lágrimas en la presencia de Dios, una y otra vez año tras año.

Cuando la esterilidad se apodera de nuestras vidas no hay resultados positivos en ningún momento ¿Por qué? porque en tiempos de dificultad se nos hace difícil ver que Dios sigue obrando. El hecho de no percibir a veces la intervención divina en cosas que nosotros quisiéramos que Él resuelva no debe llevarnos a acostumbrarnos a una condición de esterilidad, de falta de confianza, de fe.

¿Por qué? porque Dios es Dios y nosotros somos creación de Dios y tenemos el privilegio de ser hechos hijos de Él por adopción porque Cristo murió y pagó por nuestros pecados.

Pastor Milton Cariaga

En tiempos bíblicos el poder tener hijos era un símbolo concreto de la bendición de Dios, por eso no poder concebirlos era motivo de tanto sufrimiento. En el libro de Deuteronomio se menciona como una de las tantas bendiciones de la obediencia    

La historia de Ana muestra claramente como esta imposibilidad de procrear afectaba toda su vida, sumergiéndola en la tristeza. Su esposo, aun amándola, era incapaz de comprender la profundidad de su dolor, y sumado a esto, Penina era su rival y aprovechaba cada ocasión para irritarla, entristecerla y hacerla enojar. Al vivir de manera tan cercana la situación debe haber sido insostenible.

Hay diferentes tipos de carencias o esterilidades. Una planta puede no dar fruto, la tierra puede ser improductiva y las personas podemos atravesar épocas en que no vemos resultados en nuestra vida, sumado a todo esto puede haber “Peninas” que nos irriten y nos provoquen más tristeza.

Hay etapas de aridez, parece que nuestras oraciones no tienen vida, carecemos de respuesta y sentimos a Dios cada vez más lejano…Leemos la Escritura por costumbre y oramos porque sabemos que tenemos que hacerlo, pero no logramos salir de esa condición.

Es una realidad más común de lo que creemos, cuando nos sucede nos aislamos porque creemos que solo nos pasa a nosotros, sin embargo, hasta los grandes hombres de fe de la Biblia atravesaron períodos de sequedad espiritual. Tiempos en los que aun haciendo lo que Dios quería de ellos, las cosas no les iban bien.

De ellos podemos aprender a continuar, a perseverar, a permitir que la voz de Papá hable más fuerte a nuestro espíritu que la realidad y las “Peninas” que nos rodean en diferentes ámbitos y áreas de nuestra vida, y hasta nublan nuestra visión de Dios.

Jeremías de dejó plasmada su propia experiencia que también puede ser la tuya y la mía:

Y a pesar de que lloro y grito, cerró sus oídos a mis oraciones. (vs. 8)

“Siento que Dios no me escucha”

Mi propio pueblo se ríe de mí; todo el día repiten sus canciones burlonas. (vs. 14)

Las “Peninas” de la vida”

Yo exclamo: «¡Mi esplendor ha desaparecido! ¡Se perdió todo lo que yo esperaba del Señor!».  Recordar mi sufrimiento y no tener hogar es tan amargo que no encuentro palabras. Siempre tengo presente este terrible tiempo mientras me lamento por mi pérdida. (vs. 18-20)

Atrás quedaron los buenos tiempos, ya no tengo esperanza, estoy triste, tengo amargura, sigo ensimismado en mi situación”.

No obstante, aún me atrevo a tener esperanza    cuando recuerdo lo siguiente: ¡El fiel amor del Señor nunca se acaba!    Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana. (vs. 21-23)

Cuando recuerdo lo que sé del Señor, de su naturaleza, me atrevo a recuperar la esperanza”.

Me digo: «El Señor es mi herencia, por lo tanto, ¡esperaré en él!». El Señor es bueno con los que dependen de él, con aquellos que lo buscan. (vs. 24-25)

Decido hablar a mi espíritu y enfocarlo decididamente en Dios”

Lamentaciones 3: 8; 14; 18-24 NTV

Si estás pasando un tiempo de sequedad, tristeza, ausencia de respuestas y falta de resultados aun haciendo la voluntad de Dios, el Señor quiere grabar en tu espíritu este texto de Jeremías. Y si te sentís lejos, recordá lo que sabés del Señor y ¡Atrevete a tener esperanza!

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