Jesús también les contó esta parábola: El reino de los cielos es como una semilla de mostaza que un hombre siembra en su campo.  Es, por cierto, la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, se hace más grande que las otras plantas del huerto, y llega a ser como un árbol, tan grande que las aves van y se posan en sus ramas.»

Mateo 13: 31-32 DHH

 

Jesús frecuentemente utilizó parábolas para enseñar verdades espirituales profundas utilizando elementos comunes en la naturaleza, en una forma que todos pudieran entenderlas. Utilizaba las parábolas para atraer a las personas y desafiarlas a incorporar nuevas formas de pensar y a desarrollar actitudes que los llevaran a actuar de manera diferente. Al hablar sobre el reino de los cielos, lo comparaba con algún aspecto de algo cotidiano. Por eso la mayoría de estas enseñanzas comienzan con “El reino de los cielos es semejante a”

En este, como en otros casos, Él adaptaba su mensaje de acuerdo a la gente que lo escuchaba. 

 

Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír.

Marcos 4:33 RVR60

La parábola de la semilla de mostaza se trata de cómo opera, según Jesús, el reino de los cielos, y lo compara con una pequeña semilla que se siembra. Un pequeño comienzo… casi insignificante.

 

Desde entonces Jesús comenzó a predicar, y decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado.»

Mateo 4:17 RVC

 

Así es como surgió el ministerio del Señor, en sus comienzos era un maestro desconocido, sin ningún tipo de riqueza ni poder político. Llama a un pequeño grupo de seguidores sin formación académica o religiosa a los cuales elige para transmitir su enseñanza y que presencien obras sobrenaturales.

Su mensaje era sencillo, y al comenzar el Señor predicaba acerca de: la necesidad de volverse a Dios, cambiar de manera de pensar y de vivir.

 

Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Mateo 4:23 RVR60

 

Esta misma tarea es la que encomendó a sus seguidores, comenzando por sus discípulos, y continúa hasta el día de hoy. Nos incluye a vos y a mí y sigue bajo las mismas premisas. Un comienzo pequeño, una tarea realizada por personas comunes, una palabra que se siembra, una semilla pequeñita con el tremendo potencial de transformar vidas y que se expande sin que tengamos una real dimensión de ello.

 

Hace muchos años escuché el testimonio de una cantante folklórica, ella atravesó un largo período de profunda depresión que la llevó a estar durante un año completo sin poder levantarse de la cama ya que pesaba 39 kg y no se podía tener en pie. En 3 ocasiones intentó quitarse la vida y un día, frente a un rosario desafió a Dios: “Si existís demostrámelo porque no quiero vivir más así”

A los pocos días llegó una señora a trabajar a su casa y le habló de Cristo, al principio la rechazó en muy malos términos, pero la autoridad y la decisión con que la señora le hablaba hicieron que prestara atención y finalmente recibió a Cristo. Entonces paulatinamente experimentó sanidad de su depresión. Como es artista siguió su carrera profesional y ha tenido la oportunidad de llevar la semilla del evangelio a muchísimos lugares en el transcurso de 30 años.

La señora que ayudaba en las tareas de la casa ni siquiera imaginaba la dimensión que tomaría su decisión de compartir la palabra de Jesús con alguien de la cual ni siquiera sabía que era famosa.

 

Así también nosotros, cuando compartimos una palabra de esperanza y salvación estamos sembrando esa pequeña semilla, para que muy posiblemente, se convierta en un árbol donde los más vulnerables puedan hacer nido.

Hoy es un buen día para que siembres una semilla.

Mónica Lemos

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