Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares.

Salmo 139:1-3 NVI

 

Un poeta decía: “el hombre es la obra abierta, la creación inacabada de un Dios que nunca ha cesado de crear”. En una medida o en otra sentimos el deseo de ser distintos, pero previamente debemos aceptar la vida como una obra abierta, como inacabamiento y ambigüedad. Porque muchas veces se nos pone difícil esto que llamamos vida. Hay ciertas cosas que suceden por el solo hecho de que vivimos.

Al estar vivos no podemos eludir tensiones, desilusiones, desánimos, dudas, pero en medio de todas estas situaciones hay una gran oportunidad porque somos la obra inacabada de un Dios creador.

Pastor Hugo Herrera

 

“Brecht definía con esta frase a las crisis: Lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer. Se suele asociar de manera automática e irreflexiva a las palabras crisis y oportunidad. Como si fueran hermanas gemelas inseparables. Y con cierto voluntarismo cándido se espera en esos casos que la oportunidad golpee a la puerta en plena crisis. Sin embargo, las oportunidades no existen por sí mismas ni llegan por designio divino. Hay que ir hacia ellas, generarlas. Las crisis, al revolverlo todo, ponen al descubierto recursos desconocidos o inexplotados, tanto internos como externos. Son materiales con los cuales construir la oportunidad. Pero, así como una pila de ladrillos no se convierte mágicamente en una casa, los recursos revelados por una crisis no se transforman repentinamente en una oportunidad. Si la oportunidad no se construye y no se ejecuta, la crisis es solo una crisis”.

(Extraído del artículo La oportunidad no viene sola, Sergio Sinay)

 

La oportunidad existe y también se genera. Como cristianos la confianza se genera en la fidelidad permanente del Dios al que pertenecemos. No se trata de negar la crisis, ni de anestesiar sus síntomas con distracciones ni con hiperactivismo. Eso a menudo, solo deja traslucir el vacío interior que portamos silenciosamente…

La sociedad apunta a que estés distraído, aturdido por el ruido continuo que generan las distintas propuestas antagónicas u ocupado en lo que no satisface…

 

¡Vengan a las aguas    todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer    los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche    sin pago alguno. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface? Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares deliciosos. Presten atención y vengan a mí, escúchenme y vivirán. Haré con ustedes un pacto eterno,  conforme a mi constante amor por David.

Isaías 55: 1-3 NVI

 

La fe que profesamos, según nos enseña la Palabra, es un acto y una actitud que abarca toda la vida de la persona: su confianza profunda, su fidelidad, su asentimiento intelectual y su adhesión emocional, compromete su historia completa, sus proyectos, emergencias, crisis y eventualidades. Es en medio de ellas que podemos descubrir las oportunidades que Papá presenta, a veces envueltas en misterio, disimuladas en medio de las tareas cotidianas o de las situaciones más difíciles.

Hay indicios, hay atisbos, una pequeña brecha que se abre primero en el espíritu cuando está en plena comunión con el Espíritu de Dios. Y es allí, en medio de la incertidumbre y lo desconocido que la oportunidad de un nuevo tiempo aparece y se va desplegando. Lo vivió Abraham, cuando salió sin saber a dónde iba, guiado solamente por una palabra que había recibido de Dios.

 

Fue por la fe que Abraham obedeció cuando Dios lo llamó para que dejara su tierra y fuera a otra que él le daría por herencia. Se fue sin saber adónde iba.

Hebreos 11:8 NTV

 

A lo largo de su travesía, se equivocó, mintió por temor, obedeció a medias en algunas oportunidades, pero la mano del Señor nunca se apartó de él y lo afirmó en la promesa.

 

Aun cuando no había motivos para tener esperanza, Abraham siguió teniendo esperanza porque había creído en que llegaría a ser el padre de muchas naciones. Pues Dios le había dicho: «Esa es la cantidad de descendientes que tendrás».

Romanos 4.18 NTV

 

Dios es insistente en ayudarnos a aprovechar y sacar bendición de cada oportunidad que muchas veces no distinguimos o detectamos. Pero el estar atentos al obrar del Espíritu Santo nos adiestra y desafía.

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