Es verdad que vivimos en este mundo, pero no actuamos como todo el mundo, ni luchamos con las armas de este mundo. Al contrario, usamos el poder de Dios para destruir las fuerzas del mal, las acusaciones

2° Corintios 10:3-4 TLA

Énfasis del autor

Hace algunos años en la Tv argentina había una comedia en horario central nocturno. Su protagonista decía una frase como latiguillo “Es una lucha” La expresión se hizo muy popular y hasta la actualidad se suele escuchar muy a menudo. Es verdad, muchas veces sentimos que la vida es una lucha, nos encontramos batallando con diversas situaciones a la vez y por momentos parecemos un malabarista principiante tratando desesperadamente de mantener muchas clavas a la vez en movimiento sin que ninguna se caiga. Esto produce un costo de energía extra del que da cuenta nuestro cuerpo que lo expresa a través de contracturas, dolor de cabeza, de estómago o problemas digestivos…

Si a eso le sumamos las restricciones y reacomodamientos sociales que todos estamos viviendo tenemos sin duda un posible cóctel explosivo.

El texto dice que aunque vivimos en este mundo no actuamos ni luchamos con sus armas. Esta es una realidad espiritual incontrastable, pero a veces en el fragor de nuestras urgencias se nos diluye y nuestra vieja naturaleza emerge, muy a menudo cuando estamos bajo presión. En cierto sentido es lógico esperarlo.

La vieja naturaleza no ha muerto ni lo hará, somos nosotros los encargados de elegir conscientemente alimentar la nueva vida que recibimos de Jesús, para que cuando llegue el momento podamos responder En el Espíritu.

Todos tenemos necesidades: emocionales, espirituales, económicas, familiares, laborales… y eso forma parte de la vida. Las dificultades comienzan cuando por inercia, porque es lo que observamos todos los días o que hacíamos antes de conocer a Cristo, para satisfacerlas recurrimos a los mismos métodos que usa el sistema. Entonces si alguien me hiere devuelvo el golpe, si creo que hay cosas que deben hacerse urgentemente y estoy orientada a los resultados hago lo que sea para que se hagan, aunque en el camino trate ásperamente a alguno. Si hay cambios que no me gustan me retiro, o elijo confiar más en lo que veo y tengo en mano que en lo que el Señor puede darme.

Esta descripción por supuesto no es exhaustiva, seguro que vos podés elaborar tu propia lista… Nos involucra a todos

¿A quién no le pasó decir algo de mala manera en medio de momentos intensos de trabajo? ¿Quién no sufrió en carne propia el resultado de errores propios o ajenos? 

Cuando comenzó la pandemia muchos analistas lúcidos por cierto imaginaban que este tiempo dejaría como resultado una sociedad más solidaria y justa. En lo personal no compartí ese optimismo, por la sencilla razón de que el corazón de las personas no cambia fácilmente por sí sólo. Instintivamente buscamos nuestro propio bienestar sin tener en cuenta a los demás. Las últimas noticias de estos días dan acabada cuenta de esto.

En la sociedad hay injusticia porque las personas somos injustas… en un  mundo que propone la lucha como medio de vida y ve lo diferente como enemigo al que hay que anular o vencer el resultado está a la vista.

“Es posible tener el arma adecuada pero estar en el campo de batalla equivocado. En el oeste salvaje (de EE.UU.) era un gesto de cortesía que los hombres entregaran su pistola a la entrada de una iglesia o de una reunión pública, debemos aprender a dejar a un lado nuestras “armas” y tomar la “toalla de servicio” en presencia de creyentes y no creyentes. Si usamos el arma adecuada en la esfera equivocada, perderemos la guerra. La Palabra dice que las armas que usamos no son carnales, sino poderosas en Dios (…) en la esfera celestial el arma preferida es “La espada del Espíritu” en la esfera terrenal es la “toalla” del servicio. Las dos son eficaces, cuando se usan en la esfera apropiada. (…) cuando usamos la espada en la esfera terrenal blandiéndola con enojo, miedo, juicio, en posición defensiva u ofensiva podemos dañar y dividir…por otro lado es una tontería usar una toalla de servicio contra poderes de tinieblas o principados. En ese tipo de batalla solo la espada de La Palabra y el nombre de Cristo serán eficaces. Jesús cuando fue tentado respondió a Satanás “escrito está” “

(Extraído de El secreto de Dios para la grandeza. Autores David Cape y Tommy Tenney)

En este tiempo es vital que vos y yo recordemos contra qué y contra quién estamos luchando para poder hacerlo con las armas que nos den la victoria. Es un desafío diario ejercitarse en utilizar las armas de nuestra nueva naturaleza y recordar cada día quién es nuestro verdadero enemigo.

Jesús es nuestro máximo ejemplo, nuestro líder perfecto a quien seguir. Él, siendo Dios, eligió venir como ser humano y durante su ministerio terrenal, como hombre lleno del Espíritu siempre respondió en el espíritu opuesto al del sistema.

Confieso que cuando algo me afecta directamente a mí o a los que amo me cuesta mucho responder en el espíritu opuesto al del sistema, aunque muchas veces no lo exprese verbalmente, en mi interior comienzan a anidar sentimientos hostiles.  No escribo desde el lugar de la que ya lo logró sino de quien tiene que recordar todo el tiempo “A Quién eligió pertenecer y a Quién quiere seguir eligiendo imitar”. 

Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

1° Juan 5:4 RVR60

Énfasis del autor

Hoy el Señor te recuerda que tenés a tu disposición las armas necesarias para hacer frente a cualquier lucha. Y que la única manera de vencer al mundo es nuestra fe, porque está depositada en Aquel que ganó la victoria para nosotros.

 

Mónica Lemos

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