¡Qué felices son los que de ti reciben fuerzas, y de todo corazón desean venir hasta tu templo! Cuando cruzan el valle del Llanto, lo convierten en manantial; hasta las lluvias tempranas cubren el valle con sus bendiciones. Mientras más avanzan, más fuerzas tienen,

Salmo 84: 5-7ª TLA

Comenzamos esta semana en la certeza de que Dios está conectado, ligado a nosotros y en cualquier circunstancia podemos experimentar que no hay ni tiempo ni espacio que puedan ser una barrera para que Él obre en nuestra vida y en la de aquellos que nos rodean. No hay distancia que nos pueda separar de Su poder.

 

El martes mencionábamos que los mejores deseos que podemos tener hacia otro es que el Señor lo escuche en momentos de angustia, lo defienda, le envíe ayuda y auxilio cuando lo necesite, cumpla sus deseos y lleve adelante sus planes. Comunicar esta  palabra de manera sencilla es una manera práctica y contundente de llevar bendición al que tengas cerca.

 

Sabemos, porque lo hemos experimentado una y otra vez que nuestro Papá nos escucha y nos defiende, por eso en tiempos difíciles donde las seguridades humanas tambalean y comienzan a desmoronarse nosotros sus hijos elegimos aferramos a la seguridad verdadera que viene de confiar en Su nombre.

Esa decisión no implica que no vamos a sufrir ni a tener miedo en muchas ocasiones, es más, hay momentos en que podemos sentirnos perdidos sin  poder descubrir cuál es el rumbo a seguir. En ese caso lo más sabio y sano para nosotros es ir corriendo a los brazos de Papá, no huir de nuestro dolor sino utilizar ese tiempo para clamar e incluso llorar en Su presencia. Sus brazos son fuertes y nos dan seguridad, ninguna de nuestras lágrimas cae a tierra sin que Él las recoja. Nuestros enemigos interiores y los externos tendrán que emprender la retirada. Dios está de nuestra parte.

En todo tiempo y lugar las fuerzas de Papá están disponibles para el que las necesita. Si permanecemos en Él, aunque atravesemos circunstancias difíciles de sobrellevar, problemas y dificultades, ese “valle de lágrimas” se convertirá en fuente, en manantial del que otros puedan beber, cuando la lluvia del Espíritu cubra ese valle. Podremos seguir avanzando y mientras más avancemos más fuerzas del cielo tendremos.

Mónica Lemos

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