Más que vencedores

Será como una mujer que sufre dolores de parto, pero cuando nace su hijo, su angustia se transforma en alegría, porque ha traído una nueva vida al mundo.  Así que ahora ustedes tienen tristeza, pero volveré a verlos; entonces se alegrarán, y nadie podrá robarles esa alegría.

Juan 16:21-22 NTV

(Énfasis del autor)

 

Es maravilloso saber que Jesús nunca nos mintió, su palabra fue siempre clara. Él les advirtió a los discípulos y a nosotros: “en el mundo tendrán aflicciones, problemas, conflictos, pero en todo van a poder ser más que vencedores”.

En la dinámica de vivir en Su Presencia y en la Palabra somos capacitados a aceptar los tiempos difíciles con esperanza y recibimos el valor para luchar y enfrentarlos. 

 

Muchas veces otros ven lo que no vemos. Somos incapaces de reconocer nuestras propias crisis, por ejemplo, el paso del tiempo.

No es que nos proponemos no verlo, simplemente no lo vemos. O sea, no podemos aceptar lo que no vemos. No podemos aceptar lo que no identificamos. Pero el Espíritu Santo nos asiste y trabaja en nosotros para que enfrentemos nuestros conflictos, reconocer lo que realmente nos pasa y provocarnos al cambio para que establezcamos una nueva experiencia de vida.

Al no vernos a nosotros mismos, no reconocer nuestras actitudes, palabras, sentimientos, frustraciones…finalmente hacemos responsables a otros de nuestra incomodidad o crisis.

Nuestros conflictos internos que no se resuelven tarde o temprano se transforman en conflicto con el otro. Las emociones que me tragué y acumulé salen de alguna manera… pero vuelven directo a mí.

 

Es algo bastante natural que nos pasa a todos, hasta que no aceptamos nuestra condición, porque es a partir de allí, que le permitimos a Dios que obre. Es en ese momento en que se produce un eje en el que la tristeza se convierte en gozo.

 

Yo les dije esto para que encuentren paz en mí. En el mundo ustedes tendrán que sufrir, pero, ¡sean valientes! Yo he vencido al mundo.

Juan 16: 33 PDT

 

Al poner nuestra mirada solo en los parámetros del mundo y limitarnos a sus condiciones de máxima presión, competencia, sabiduría superficial es que perdemos la proyección de vida eterna. En cambio, al confiar en las Palabras y propuesta de vida de Jesús vemos día a día el fruto de su obrar.

 

Quien no conoce la esperanza de Cristo se limita a la idea de que “en el mundo vamos a encontrar aflicción y hay que resignarse, porque el mundo es así”. Pero en Cristo vos y yo podemos declarar “Todo lo puedo en Cristo”, “El Señor es mi pastor y nada me falta”

 

En el mundo vamos a vivir conflictos, enfrentar problemas, desilusiones y soledades, pero eso no nos define ni condiciona permanentemente porque el Espíritu Santo nos capacita para ser más vencedores.

 

Ruth O. Herrera

Leave a Reply

Your email address will not be published.