Entonces los israelitas comenzaron a gritar, y aquella noche se la pasaron llorando. […] Y empezaron a decirse unos a otros: ‘¡Pongamos a uno de jefe y volvamos a Egipto!’.
Moisés y Aarón se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente delante de todo el pueblo, y Josué y Caleb, que habían estado explorando el país, se rasgaron la ropa en señal de dolor y dijeron a todos los israelitas: —¡La tierra que fuimos a explorar es excelente! Si el Señor nos favorece, nos ayudará a entrar a esa tierra y nos la daré. Es un país donde la leche y la miel corren como el agua.
Números 14:1, 4-7 DHH
Liderar y gestionar. ¿Qué es ser un líder, qué es liderar?
A Moisés su liderazgo le costó muy caro. El pueblo, al salir al desierto, una y otra vez se rebelaba contra la autoridad de Dios, de Moisés y de Aarón. Aun habiendo sido liberados de manera milagrosa, alimentados día a día, cuidados por la nube, y habiendo tomado agua de una piedra, no podían aceptar la idea de libertad que Dios había desarrollado.
A pesar de esto, la gente quería apedrearlos. Entonces la gloria del Señor se apareció en la tienda del encuentro, a la vista de todos los israelitas, y el Señor dijo a Moisés: —¿Hasta cuándo va a seguir menospreciándome este pueblo? ¿Hasta cuándo van a seguir dudando de mí, a pesar de los milagros que he hecho entre ellos? Les voy a enviar una epidemia mortal que les impida tomar posesión de esa tierra; pero de ti haré un pueblo más grande y más fuerte que ellos.
Números 14: 10-12 DHH
(Énfasis del autor)
Los libros del Pentateuco describen cómo el pueblo hebreo se resistía a cualquier liderazgo que, según ellos, no les hiciera la vida más sencilla. Pero Moisés, a pesar de equivocarse más de una vez, resistió la intolerancia y ocupó su lugar de líder, incluso frente a Dios.
Pero Moisés respondió al Señor: … Si matas a este pueblo de un solo golpe, las naciones que saben de tu fama van a decir: (…) Puesto que tu amor es tan grande, perdónale a este pueblo su maldad, ya que has tenido paciencia con ellos desde Egipto hasta este lugar.
Números 14: 13a, 19 DHH
(Énfasis del autor)
Hay muchas maneras de liderar, todos tenemos oportunidades de influir con nuestra vida y sembrar nuestros pensamientos.
Según el concepto de Dios cada persona es líder. En palabras sencillas esto es que nos hagamos responsables de lo que nos compete liderar; que todo lo que depende de nosotros funcione bien, aún en lo cotidiano, porque también ahí somos líderes.
Cada vez más el liderazgo cotidiano se está perdiendo y desvirtuando. En las familias se mezclan los roles, en el trabajo no es sencillo aceptar instrucciones, y en lo social todos quieren tener la razón.
¡Todos creemos y queremos tener la mejor idea y que se lleve a cabo!
Está en nuestra naturaleza, somos proclives a resistir la opinión de los otros… porque claramente la nuestra es mejor.
Como hijos de Dios debemos encontrar el equilibrio y la firmeza para ser reproductores de Su Verdad. Transmitir las Buenas Nuevas y hacer discípulos es la raíz de nuestro liderazgo, sin que lleguemos a estar frente a multitudes, o escribiendo libros, ni teniendo mil seguidores en las redes sociales.
Dios nos puso en la tierra para solucionar problemas y debemos prepararnos para hacerlo, aun teniendo nuestros propios conflictos somos quienes tienen la capacidad en Jesucristo de superarlos y ayudar a otros en los suyos. Estamos en el mundo para ayudar a quienes nos rodean a encontrar identidad en Cristo.
En algún área de tu vida estás llamado a ejercer tu liderazgo y ayudar a otros a ver una realidad diferente.
Hoy mismo podés bendecir a tus amigos mostrándoles el amor de Jesús… No dejes de ayudarlos y propiciar que escuchen el mensaje de salvación.
¿En qué área serás líder hoy?
Ruth O. Herrera
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