Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. Así que dejen que crezca, pues una vez que su constancia se haya desarrollado plenamente, serán perfectos y completos, y no les faltará nada.
Santiago 1: 2-4 (NTV)
(Énfasis del autor)
Hace un tiempo se hizo popular la palabra resiliencia, que es la capacidad de levantarse de la crisis y volver a empezar. Pero la longanimidad tiene un significado maravilloso: implica grandeza y constancia de ánimo para enfrentar cualquier adversidad.
Es lo más parecido a la perseverancia. Esta cualidad que hace que a pesar de que a mi diestra caigan mil y diez mil yo igual decido continuar en el rumbo que me ha marcado el Señor.
Pablo se los dice a los cristianos de Corinto, después de haber dado un discurso tremendo acerca de la resurrección y de decirle a la muerte: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?
Entonces el texto continúa: Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
1º Corintios 15: 58 (RVR60)
Pastor Hugo Herrera
El texto de la carta de Santiago pareciera ser contrario a nuestra tendencia natural. ¿Alguien puede considerar que estar enfrentando todo tipo de problemas es una oportunidad para alegrarse mucho? Realmente creo que no, sobre todo si somos emocionalmente sanos. A nadie le gusta sufrir.
Pero a continuación, el apóstol dice por qué deberíamos alegrarnos: Si nuestra fe es probada, la constancia puede desarrollarse. Y termina con el consejo “dejen que crezca la constancia”.
Dejar que la constancia, esa capacidad de permanecer contra viento y marea, se desarrolle y crezca es algo que nosotros debemos permitir y hasta provocar. Es intencional.
Dios nos hizo únicos, y mientras que algunos son muy constantes, a otros les cuesta permanecer. Por eso la tarea que realizamos junto con el Espíritu Santo es personal e intransferible. Hay cualidades que no nos son naturales, pero que la obra del Santo Espíritu puede producir en nosotros. De acuerdo a nuestra tendencia natural puede llevarnos mayor o menor cantidad de tiempo, pero es posible.
Esa paciencia y capacidad de perseverar la podamos desarrollar sobrenaturalmente permitiendo que sea Papá quien la infunda.
Esta virtud edifica a la comunidad de fe, por eso Pablo dice en otra de sus cartas:
Que el Dios que infunde aliento y perseverancia les conceda vivir juntos en armonía, conforme al ejemplo de Cristo Jesús,
Romanos 15:5 NVI
(Énfasis del autor)
Permanecer, continuar… volver al principio es sinónimo de fe, porque al creer realmente que Dios está en control podemos aceptar su desafío de no darnos por vencidos aun cuando creemos estarlo.
Mónica Lemos

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