El Señor me dijo: «Has visto bien. Me estoy apresurando a poner mi palabra por obra.»

Jeremías 1:12 RVC

¡Cuántas cosas pertenecen al secreto de Dios pero que después se hacen palpables en nuestra vida! … A la distancia, en la cercanía, bajo cualquier circunstancia Dios está conectado con nosotros y no hay ni tiempo ni espacio que puedan ser una barrera para que Él obre en tu vida, en la vida de tu familia, de tus amigos y también de aquellos que te rodean.

Pastor Hugo Herrera

Los evangelios relatan las numerosas ocasiones en las que Jesús sanó a enfermos. Cada historia es diferente y el énfasis siempre está puesto en su amor incondicional y su profunda compasión por las personas. Su palabra y sus obras iban de la mano. El tiempo y el espacio nunca fueron una limitación para que su poder se manifestara en la tierra.

La historia que quiero compartir a continuación nos  muestra a Jesús en Caná de Galilea. En este caso se acerca un padre desesperado pidiendo por la vida de su hijo. No se menciona su nombre, solo sabemos que era un oficial del rey, probablemente alguien bajo las órdenes de Herodes. Ha recorrido un largo camino para encontrarse con el Maestro y le ruega que vaya a su casa, sin duda si el Señor fuera a verlo su hijo se sanaría.

¿Jesús atendió su necesidad? Sí. Pero no como el oficial esperaba, no fue con él, simplemente lo envió de regreso con una frase “Ve, tu hijo vive” Inmediatamente este papá creyó y emprendió el camino de regreso. Quién sabe cuántos pensamientos se agolparían en su mente mientras caminaba…

Sus sirvientes le hacen más corta la espera, salen a recibirlo y le cuentan las novedades. Entonces el papá hace una pregunta extraña ¿A qué hora mejoró? La respuesta es “ayer a las siete” En ese momento este hombre entiende que su hijo sanó a la misma hora en que Jesús pronunció la palabra. Solo que él tuvo que esperar a llegar a destino para confirmarlo. Su fe incipiente fue progresando hasta impregnarlo a él y toda su familia.

 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.

San Juan 4:46-53 RVR60

(Énfasis del autor)

El oficial del rey  tenía a su hijo enfermo. Dejó todo y fue a buscar al Maestro, estaba decidido a llevarlo a su hogar porque creía que la presencia de Jesús  lo sanaría. El Señor lo envió de regreso con una certeza “tu hijo vive” Entonces ese papá de inmediato emprendió la marcha de regreso obedeciendo la palabra recibida y al llegar se encontró con el milagro. ¡Su hijo estaba sano desde el día anterior, exactamente a la misma hora en que el Señor  le dio la palabra! 

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Él dice y hace. Ordena sanidad y ésta se produce. El poder de nuestro amado Señor es “aquí y ahora” tiene la capacidad de atravesar tiempos y distancias. Su obra no se detiene.

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