Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado. Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.

2da Reyes 5:9-14 RVR60

(Énfasis del autor)

Naamán fue a ver al rey cargado de mucho oro, plata y ropa, además de una carta de recomendación para ser atendido. Y como la respuesta que recibió de parte del profeta fue sencilla, gratuita y simple para él, no le dio valor.

Los siervos le dijeron, si él hubiera tomado todo lo que trajiste, si hubiera pedido que hagas sacrificios ¿Hubieras creído? ¿Hubieras obedecido? si lo que tienes que hacer es simple,  lo que tienes que hacer para quedar sano es zambullirte en el río ¿Por qué no lo haces?
¿No nos pasa muchas veces lo mismo? el Señor simplemente pide cosas sencillas como amar, respetar, sujetarte a la autoridad, no abandonar lo que te ha sido asignado, orar, leer la Biblia… que hagas cosas sencillas para que tu vida cambie. Son cosas que necesitás creer y a veces como no son espectaculares las tenés desestimadas.

Cuando nosotros desestimamos lo que el Señor dice porque no es espectacular o porque viene en un envase diferente perdemos la riqueza que está simplemente esbozada desde el Espíritu.

No importa quién da el mensaje, no importa si no es de la forma que esperabas, no importa ninguna otra cosa, lo importante es La Palabra que Dios suelta sobre vos para que tu vida cambie.

Pastor Cristian Centeno

Las expectativas que colocamos sobre otros a menudo pueden desilusionarnos. Todos tenemos una imagen ideal de cómo deben ser determinadas cosas, también las del Espíritu. Culturalmente hemos sido formateados para admirar lo llamativo, lo que se destaca y sin querer solemos trasladar esos estándares a la obra que Dios hace.

No importa si somos personas comunes o profetas del Señor, las personas solemos impresionarnos con lo externo. 

Israel quería tener un rey como los otros pueblos y Dios le indica a un reconocido profeta que unja a Saúl.

¿Cómo describe la Biblia a Saúl? Primera de Samuel 9 lo describe como joven y hermoso, no había en Israel otro más hermoso que él, además era alto. Sin duda su presencia era impactante.

 La historia del reinado de Saúl es muy interesante por varios motivos, pero no es el punto que quiero resaltar. Hay un momento en que Dios decide quitarle el reino y dárselo a otra persona y otra vez llama a Samuel para que unja al sucesor

Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey. Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere. Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida? El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio. Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

1 Samuel 16: 1-7 RVR60

(Énfasis del autor)

Samuel era un hombre de Dios.  No solo tenía experiencia como profeta sino que además era obediente. Ya había ungido a un rey y sale a buscar otro según lo que el Señor le indicaba. Sin embargo cuando ve a Eliab su apariencia lo confunde y las palabras salen rápidamente de su boca De cierto delante de Jehová está su ungido. ¡Estaba seguro! Sin embargo Dios había elegido a otro, por eso se encarga de ubicar al profeta en la perspectiva adecuada con una orden tajante que podría resumirse como No mires según tu criterio…

Las personas miramos lo que está delante de nuestros ojos e incluso así nuestra mirada está generalmente distorsionada, influenciada por nuestras preferencias, costumbres o modelos. Con nuestra predisposición a escuchar sucede lo mismo. ¿No te pasó alguna vez que según quién te lo dijera, algo te cayó bien o mal? tal vez dos personas distintas usaron las mismas palabras, pero no las recibiste de la misma manera.

La historia de Naamán, entre otras, nos muestra claramente que nuestra percepción es limitada, propensa a confusiones y además está distorsionada por nuestra condición de humanidad caída. Naamán no conocía el obrar de Dios, sin embargo tenía una idea formada de cómo actuaría alguien que lo representara. Esto casi le cuesta su sanidad… en su favor decimos que fue capaz de cambiar de opinión y obedecer. Algo que Papá valora y recompensa siempre.

Vos y yo somos muchas veces Naamán, otras, Samuel, por eso figuran estas historias en La Escritura. No obstante El Señor quiere que recuerdes que tu espíritu tiene la capacidad de reconocer la voz del Espíritu. Fuiste creado para eso. Si te ejercitás una y otra vez podés aprender a discernir la palabra que Él suelte sobre tu vida aunque no llegue de la manera ni de la persona que esperabas.

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