Ahora, hermanos, les rogamos y encargamos esto en el nombre del Señor Jesús: que sigan ustedes progresando cada día más en la manera de comportarse que aprendieron de nosotros para agradar a Dios, como ya lo están haciendo.

1° Tesalonicenses 4:1 DHH

Si hiciéramos el ejercicio de preguntarles a diferentes personas cuáles son algunas de sus aspiraciones, probablemente la más popular sería “progresar”.

Está en nuestra naturaleza el deseo de avanzar, mejorar, crecer y desarrollarnos. Nuestro Papá lo sabe porque Él nos diseñó de esa manera. Sin embargo, ese crecimiento muchas veces puede debilitarse o aun estancarse por diversas situaciones que pueden obstaculizar nuestro avance.

La idea de progreso y crecimiento no implica de por sí que sea un concepto positivo, las sociedades actuales han llevado adelante avances significativos en diversas áreas, pero muchas veces sin medir las consecuencias a futuro. Hoy enfrentamos problemáticas importantes como por ejemplo el calentamiento global, la acumulación de residuos tóxicos, la deforestación que afecta la flora y la fauna y hace que las tierras sean más vulnerables a la desertificación futura…entre otras.

Por eso la idea de progreso sin medir consecuencias puede producir cambios que alteren el delicado equilibrio que Dios desea para el lugar donde habitamos. 

Como hijos de Dios somos desafiados a crecer, desarrollarnos y progresar “en el Señor”. Muchas veces aparece esta idea en la Biblia, tal vez para recordarnos que es muy fácil estancarse o aun retroceder si no tenemos en mente que la voluntad de Papá es que crezcamos en Él. Su deseo es que aprendamos a ver la realidad a través de la nueva vida que fue implantada en nosotros. Para esto se necesita desaprender conceptos de nuestra antigua manera de vivir y aprender e incorporar a nuestra conducta la manera en que Dios quiere que vivamos.

En este sentido el apóstol Pablo recomienda dos virtudes: firmeza y constancia.

Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano.

1° Corintios 15:58 NVI

El apóstol escribe a los corintios en un contexto donde habla de la resurrección de los muertos y de la proyección eterna que tiene la nueva vida en Cristo.  Desde esta perspectiva también nos anima a nosotros a progresar siempre, sabiendo que lo que hacemos para el Señor trasciende los resultados puramente visibles.

Dios tiene una manera de evaluar el progreso muy diferente a la nuestra, nosotros habitualmente nos guiamos por lo que nuestros ojos pueden ver. Necesitamos resultados concretos por nosotros mismos y porque la sociedad mide el progreso en base a parámetros de éxito, ya sea en cantidad de personas involucradas o en poder económico o prestigio.

Es lógico que perdamos de vista lo esencial y los parámetros sociales eso pueden llegar a confundir, pero el Señor evalúa el crecimiento con el criterio eterno de “vidas transformadas”.

Quizás hace años que estás trabajando para progresar en diferentes áreas, y es probable que a pesar de luchar no hayas alcanzado tus metas… pero el crecimiento en la influencia, en lo numérico, o aun en lo económico es importante y útil, pero no siempre es sinónimo de vidas que son “sal y luz” en la sociedad. La idea de Papá es que progresemos en la vida de Reino y que nuestra finalidad sea agradarlo a Él en todo.

Queridos hermanos en Cristo, nosotros les hemos enseñado a vivir como a Dios le agrada, y ustedes en verdad viven así. Ahora les rogamos y los animamos, de parte del Señor Jesús, a que se esfuercen cada vez más por seguir viviendo así.

1° Tesalonicenses 4:1 TLA

(Énfasis del autor)

En estas pocas líneas Pablo nos alienta y desafía a que nuestro mayor progreso sea parecernos a Cristo y como resultado estaremos más preparados para avanzar, mejorar, crecer y desarrollarnos integralmente… progresando cada día.

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