Los más tristes recuerdos me llenan de amargura.  Siempre los tengo presentes, y eso me quita el ánimo.  Pero también me acuerdo de algo que me da esperanza…

Lamentaciones 3: 19-21

Hay palabras que evocan recuerdos que pueden atar, o que pueden liberar y abren en nuestra vida una puerta para confiar en Aquel que nunca nos dejará. 

Recuerdos de seguridad, esos son los que al evocarlos nos traen bienestar.

Olores, sonidos, imágenes que nos retrotraen algún lugar, alguna persona, o sensaciones y sentimientos buenos y placenteros.

Nuestro cuerpo también acompaña estos recuerdos, a veces hasta se nos acelera el corazón con la emoción. 

Otros recuerdos nos atan como el profeta al escribir en el libro de Lamentaciones:

De mí se ha alejado la paz y he olvidado ya lo que es la dicha. Hasta he llegado a pensar que ha muerto    mi firme esperanza en el Señor. Recuerdo mi tristeza y soledad, mi amargura y sufrimiento, me pongo a pensar en ello y el ánimo se me viene abajo.

Jeremías tenía un recuerdo que lo ataba y le impedía ver una realidad en los planes de Dios

Es una decisión, un compromiso que tenés que asumir con vos mismo. Porque los malos recuerdos a veces te persiguen y condicionan tus días. Como si lo que ya paso siguiera sucediendo una y otra vez, como tesoros guardados y encadenados en tus pensamientos. 

Salí de la condición de víctima del pasado, porque, aunque esos recuerdos son verdaderos, en el tiempo, muchas veces, se agrandan y cobran más cada vez más valor y pesan más. Cierran puertas, ventanas y hendijas de esperanza para proyectar y recibir nuevas bendiciones.

“Las cosas viejas están pasando, pasaron, y en su lugar son todas hechas nuevas”

Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!

2° Corintios 5:17 NVI

Lo que no te proyecta hacia el futuro te encadena al pasado…

A veces con nuestros recuerdos dolorosos, aquellos de los que no nos podemos desprender hacemos algo parecido, los acariciamos, los rumiamos, no nos podemos desprender de ellos. ¿Podés identificar esta actitud del profeta? “recuerdo, me pongo a pensar en ello… lo atraigo una vez más a mi vida, le vuelvo a dar valor… y me deprimo”

Pero a la vez es en esa expresión de amargura que Jeremías tiene descubre una luz, una palabra que abre una ventana en su vida, porque Dios le permite expresar su amargura y entonces puede identificar la presencia del Señor y dice: “Pero una cosa quiero tener presente…”. 

“Quiero tener…” no lo tengo en este momento, pero lo busco, lo intento, voy hacia esa puerta abierta. Me dispongo voluntariamente a sujetar mis pensamientos a los pensamientos de Cristo… y lo dejo al Espíritu Santo derramar la esperanza en las promesas del Padre.

Muchas veces en tu vida tenés que decidirte a decir: “una cosa quiero tener presente, quiero traer pensamientos de bien a mi vida, pensamientos de confianza en el Señor

Vos y yo hoy más que nunca debemos enfrentar nuestros recuerdos dispuestos a dejar que Dios los transforme…

“Vivir con esperanza es muy superior a tener optimismo”

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