Puedo salir airoso de toda suerte de pruebas, porque Cristo me da las fuerzas.
Filipenses 4:13 BLPH
Comenzamos la semana hablando sobre la importancia de clamar y dar el consejo en lo espiritual para que se haga realidad en lo material.
Para poder percibir la obra que el Señor está haciendo en lo cotidiano es importante que seamos conscientes de dónde está depositada nuestra confianza. No se trata de la cantidad de fe que tengamos sino de poner en acción la medida que ya tenemos.
El martes continuamos observando las posibilidades que tenemos como hijos de Dios, desde lo espiritual, para hacer que esos cambios que necesitamos se produzcan. Aquí remarcábamos el hecho de que a veces las dificultades que atravesamos se convierten en “espinos” que ahogan la Palabra que Papá siembra en nosotros y nos hacen sentir estériles. Más allá de la etapa que estés atravesando El Señor te ha destinado para que lleves fruto y éste sea duradero.
La sociedad valora los cargos y posiciones de poder, y a veces, sin darnos cuenta esos criterios se mezclan con los que Cristo estableció, es entonces que comenzamos a creer que solamente ocupando determinados puestos de privilegio o cargos podremos producir transformación. Desde La Escritura Felipe nos recuerda que siendo sensibles a la voz del Espíritu podemos ser exitosos en todo lo que Él nos pide. Es Su tarea. Cuando damos una palabra a una sola persona, en obediencia a Su voz, escapa a nuestro entendimiento la dimensión y el impacto que puede tener en círculos a los que jamás podríamos acceder.
El Salmo 105 es una palabra oportuna que el Señor quiere dejar en tu espíritu. En tiempos de dificultad es fundamental reforzar nuestra alabanza, buscar al Señor continuamente y recordar lo que Él ha hecho en el pasado. Es Señor se mueve a través de la historia, y también de nuestra historia. Incluso nuestros desiertos son tierra fértil para que muestre Sus maravillas.
Me gustaría cerrar con un pensamiento que Papá trajo a mi mente hace poco tiempo mientras escuchaba una entrevista televisiva a una mujer mayor, intelectualmente muy lúcida que hablaba sobre temas de nuestra historia como nación que dejaron heridas profundas. Ella atravesó momentos de dolor y pérdida que la marcaron para siempre pero no tiene rencor y sigue creyendo en que es posible construir una sociedad mejor. Su voz era serena y hablaba pausadamente, varias de las cosas que dijo hicieron que pensara por un momento en que seguramente creía en Dios. Me equivoqué. Es atea y lo manifestó expresamente.
Cuando le preguntaron cómo pudo salir de esa tragedia personal y familiar sin alimentar deseos de revancha como en el caso de otras personas que mantienen una actitud destructiva y de resentimiento habló sobre la resiliencia y aclaró que no todas las personas la poseen.
Me quedé pensando en esta última frase…
Resiliencia: Lit. “saltar hacia atrás” “rebotar” significa la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o situación adversa. (DLE-RAE).
En psicología denota la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas.
Probablemente sea así, no todas las personas la poseen pero la buena noticia es que Dios la proveyó para nosotros a través de la obra de Cristo. Los hijos de Dios tenemos recursos del cielo, no solo para superar circunstancias traumáticas sino para salir de ellas aún más fuertes y transformarlas en bendición para otros. ¿Cómo lo sé? Porque La Escritura lo dice claramente en varios pasajes. Solo voy a mencionar un ejemplo:
Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman, los que han sido llamados por Dios de acuerdo a su propósito. ¿Podrá algo separarnos del amor de Cristo? Ni las dificultades, ni los problemas, ni las persecuciones, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro ni tampoco la muerte. Más bien, en todo esto salimos más que victoriosos por medio de Dios quien nos amó.
Romanos 8: 28,35 y 37 PDT
(Énfasis del autor)
Porque somos resilientes por la obra de Jesús es que podemos clamar en lo secreto, declarar en lo espiritual, dar palabra oportuna y bendecir a otros aun atravesando las mismas realidades que los que nos rodean.
No somos inmunes, ¡somos resilientes en Cristo! Que esta verdad ensanche tu espíritu inundándolo de esperanza.
Mónica Lemos
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