Mientras tanto, sus discípulos le insistían:—Rabí, come algo. —Yo tengo un alimento que ustedes no conocen —replicó él. «¿Le habrán traído algo de comer?», comentaban entre sí los discípulos. —Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra —les dijo Jesús—.
San Juan 4: 31-34 NVI
Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
San Juan 6:35 RVR60
Cuando uno entiende de qué se tiene que alimentar, cuando uno entiende Quién es el que da ese alimento, cuando uno entiende el por qué y se detiene en el para qué, cuando uno deja de pensar en si es bueno o es malo y empieza a pensar que en realidad detrás de todo esto hay vida o muerte, hay condenación eterna o vida eterna las cosas cambian por completo. Necesitamos como cristianos que somos empezar a pensar que nuestra vida tiene que llevar a las personas a la salvación, no podemos seguir conformándonos con no molestar, con no incomodar; debemos ser aquellas luces, aquellas personas que son santificadas, o sea que resplandecen para que muchos conozcan al Señor.
Pastor Cristian Centeno
En estos últimos tiempos la alimentación ha ido cambiando, atravesando diferentes etapas. Pasamos de la época de la comida chatarra a la comida sana, del consumo de pastas y otras comidas con harina a descartar las harinas de nuestra dieta y de la ingesta excesiva de carnes al vegetarianismo o veganismo.
Muchos de estos cambios son extremos y responden a modas que se adoptan con rigidez y fanatismo como si fueran una nueva religión. Otros, obedecen a descubrimientos científicos que aportan datos sobre el valor nutricional que tienen algunos alimentos y el daño que el consumo regular de otros puede producir en nuestro organismo.
¿Por qué te hablo de esto? Porque de acuerdo a cómo nos alimentemos tendremos mayor o menor salud y vitalidad. Una alimentación adecuada es vital para estar sanos y fuertes.
Con la fe sucede lo mismo. De hecho la comparación la hace Jesús cuando llevado por el Espíritu al desierto en medio de su ayuno tiene hambre y el diablo lo tienta. Esta situación de debilidad física lo encuentra fortalecido por la Palabra que impregnaba su ser. En este caso responde con Deuteronomio 8:3, un texto que hace referencia al maná, un alimento único e irrepetible que Dios proveyó para su pueblo en el desierto.
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
San Mateo 4:1-4 RVR60
Toda persona es única, y por lo tanto sus carencias, necesidades, capacidades y dones también lo son. Hay una búsqueda que es absolutamente personal e indelegable, ese alimento espiritual que nosotros tenemos que seleccionar cuidadosamente, esa tarea diaria del encuentro con Aquel que te creó. Sumado a eso tenés la bendición de que el Señor te haya colocado en un cuerpo.
En nuestra comunidad podés encontrar recursos valiosos que están a tu entera disposición, por mencionar algunos: La exposición de la Escritura en los sermones, los días de estudio y comunión en las redes, la capacitación de nuestra Escuela Edemi, el grupo de intercesión “en la brecha” que funciona las 24 hs todos los días del año, el espacio de oración de los días viernes, y el encuentro de adoración de una hora una vez al mes a través del 24/7, sumados a los recursos propios y específicos de cada área de servicio en el canal de Pekes con devocionales semanales para las familias y Pekes TV. Todos ellos, y tal vez algunos más que puedas agregar, te nutren junto a tus hermanos, nos provocan a la unidad que el Espíritu quiere potenciar en nosotros. No reemplazan tu propia búsqueda, se suman para revitalizarte, para que puedas fortalecer tu fe y desde ese lugar alimentar a otros.
Este año somos desafiados vez tras vez a alumbrar, a brillar. Recargá tus fuerzas en el Señor, Quien no abandona la obra de sus manos.
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