Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre:Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
Jeremías 33:3 RVR60
(Énfasis del autor)
Jeremías fue un profeta extraordinario. En un tiempo crucial para la nación Dios le hace un pedido y le da una promesa a la que titulé «los secretos de Dios».
De acuerdo a lo que dice el texto ustedes pensarán ¿Cuáles son esas cosas grandes y ocultas? No eran ni más ni menos que la revelación redentora de Dios, de Su amor hacia la nación de Israel. Cómo amaba a esa nación y cómo iba a perdonarla, a pesar de que su pueblo le había dado la espalda. Su amor iba a ser notorio y Jeremías lo iba a ver con sus propios ojos. Dios lo invita a clamar y pedirle Su intervención a favor de su nación.
Cuando tengas un tiempo durante la semana andate a algún rincón y hacé caso a lo que Dios le dijo a Jeremías «Clama a mí» ¿estás esperando algo de parte de Dios? Clamá a Él y Él te va a responder, y te va a enseñar cosas grandes y ocultas, esas que seguramente todos nosotros necesitamos saber de parte de nuestro Dios.
Pastor Milton Cariaga
El texto de Jeremías 33:3 es un clásico que se menciona siempre que hablamos de la oración. El contexto en que el profeta recibe esta palabra es en medio de una difícil situación personal y social. Jerusalén estaba sitiada por el ejército babilónico y Jeremías estaba preso por haber profetizado que los enemigos tendrían éxito. Dicho de otra manera, fiel a su llamado, había dicho de parte del Señor una palabra que no le había gustado nada al rey Sedequías y éste lo envió derechito a la cárcel.
Si tenés tiempo y te interesa profundizar en el tema podés leer el capítulo 32 del libro para tener el panorama completo.
Es en medio de esta situación que recibe esta invitación de parte de Dios para él y para todos los demás que escucharan. «Así ha dicho Jehová». Su nombre garantiza la relación de pacto que había establecido con su pueblo.
A continuación, lo invita a Jeremías y a todos los que escucharan a acercarse a Él en una oración llena de fe, con la absoluta confianza de que respondería.
Esta es una promesa poderosa, considerando las circunstancias sociales y políticas que estaban viviendo. El pueblo estaba resistiendo el terror del asedio enemigo y esperando el pronto cumplimiento del juicio que había sido anunciado. No obstante, Dios hablaba de esperanza, los invitaba y desafiaba a la fe.
Dios le prometió que iba a mostrarle cosas grandes y ocultas, refiriéndose a algo que es inaccesible, que trasciende el conocimiento humano y que solo se pueden descubrir a través de la revelación divina.
El Señor le estaba dando a Jeremías una promesa que es también para nosotros hoy, porque Su fidelidad, aunque es para siempre, se actualiza todos los días cuando nos disponemos a clamar con la certeza de que nuestro ruego no quedará sin respuesta.
Vivimos también tiempos de asedio físico, emocional y espiritual, porque a través de los tiempos la historia se repite, de diferentes formas pero con un mismo principio… la humanidad lejos de Dios.
En medio de la peor circunstancia, el Señor renueva esta promesa para vos y para mí. Hay revelación divina que excede a todo pronóstico y conocimiento humano.
Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.
Deuteronomio 6: 6-9 NVISi estás viviendo un tiempo en el que necesitás que esta promesa se haga absolutamente palpable, toma un tiempo cada día a solas para leer y re leer esta promesa, repetila, escribila y volvé a leerla, para que como Dios le enseñó al pueblo al formar su identidad, hagas memoria, recuerdes, avives tu fe y te enfoques de manera práctica y con acciones concretas en reconocer que Dios es Dios y siempre lo será…

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