Luego dijo Jesús a sus discípulos: —Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, con qué se vestirán.  La vida tiene más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa.  Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosechan, ni tienen almacén ni granero; sin embargo, Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que las aves!  ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? Ya que no pueden hacer algo tan insignificante, ¿por qué se preocupan por lo demás? »Fíjense cómo crecen los lirios. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.  Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más hará por ustedes, gente de poca fe!  Así que no se afanen por lo que han de comer o beber; dejen de atormentarse El mundo pagano anda tras todas estas cosas, pero el Padre sabe que ustedes las necesitan.

Lucas 12:22-30 NVI

Sin el poder de la Palabra impregnada en nosotros difícilmente podremos experimentar las victorias que Dios quiere que nosotros vivamos en este tiempo.

Hay situaciones, realidades que atravesamos  todos los seres humanos sin excepción. Frente a  ellas tenemos que tomar decisiones, pero no estamos solos,  podemos experimentar y aceptar lo que el Señor nos dice ¿por qué te afanás? o sea esta palabra “afanar” me sugiere la idea
de que parece que nos robamos a nosotros mismos. ¿Por qué se afanan? ¿Por qué se roban a sí mismos la posibilidad de ser bendecidos al no depender de Mí y confiar en Mí?

Todos nosotros muchas veces robamos la posibilidad de la intervención divina, lo dejamos a Él de lado  y no le permitimos  que actúe en aquellas cosas que nosotros necesitamos.

Pastor Milton Cariaga

En nuestro lenguaje coloquial usamos la palabra “afanar” como robar, pero también la palabra remite al afán, esa inquietud que todos en uno u otro momento hemos experimentado. Una mezcla de ansiedad e impotencia…sabemos que es muy limitado lo que podemos hacer, pero nos resulta sumamente difícil no hacer nada y solamente confiar aunque eso sea lo que el Señor nos pide. Tratamos de averiguar todo lo que podemos sobre el tema que nos inquieta, buscamos soluciones, pedimos consejos, contemplamos posibilidades y luego, al final, hasta podemos decir con un dejo de resignación “Bueno, que sea lo que Dios quiera” o sea, Dios es el último recurso aunque conscientemente no lo podamos reconocer.

Nos resulta tan familiar la frase que ya está incorporada en nuestro vocabulario y asentada en nuestra cultura. Ni siquiera la confrontamos con lo que el Espíritu quiere recordarnos una y otra vez, que “eso que Dios quiere siempre es lo mejor”

Nos cuesta solamente confiar. Y el Señor lo sabe, por eso Jesús menciona este asunto con los discípulos. El tema excluyente es la preocupación por la satisfacción de necesidades básicas y el Señor los va conduciendo frase por frase a la enseñanza central,  esa cálida y reconfortante afirmación de la provisión que viene como resultado de la paternidad de Dios.

¿Sin preocupaciones? ¡Qué difícil! Pero vez tras vez ante diferentes situaciones el Señor nos recuerda que no hay motivos por los cuales estar permanentemente ansiosos e inquietos, que no tenemos necesidad de llevar la carga solos, porque tenemos un Papá que sabe lo que necesitamos, a Él le importa, además sus recursos son ilimitados y siempre los pondrá a nuestra disposición si insistimos una y otra vez en enfocar nuestra mirada hacia Él como primer recurso.

Leave a Reply

Your email address will not be published.