Jesús les puso una comparación más: «Con el reino de Dios pasa lo mismo que con la harina. Cuando una mujer pone en ella un poquito de levadura, ese poquito hace crecer toda la masa.

Mateo 13:33 TLA

(Énfasis del autor)

En la vida de los hebreos la levadura llegó a desempeñar un papel importante, no solamente en la preparación del pan, sino también en las festividades religiosas, y se menciona en el Antiguo Testamento varias veces. En la Pascua se comía pan sin levadura, también llamado “pan de aflicción” recordando que el pueblo tuvo que huir rápidamente de Egipto. La fiesta de Pentecostés se iniciaba 50 días después de la Pascua, y se usaba pan con levadura como ofrenda de los primeros frutos al Señor.

Si bien en el Nuevo Testamento a veces se menciona en sentido negativo, como cuando Jesús mencionó la levadura para enseñar lo bueno y lo malo, como cuando dijo: “Cuídense de la levadura de los fariseos”, aludiendo a la doctrina de ellos.

La levadura que se usaba en esa época para hacer pan era probablemente un fermento, un trozo de masa que se guardaba de una jornada anterior hasta que fermentaba y se volvía ácido.

En ese tiempo no había panaderías, el pan se hacía en las casas y eran las mujeres las encargadas de prepararlo. Así que seguramente el Señor habría visto innumerables veces a su mamá amasando para toda la familia.

Jesús no solo compara el reino con un elemento muy conocido en lo familiar y religioso de su tiempo dándole un nuevo significado, además introduce a una mujer sencilla y común como protagonista de su historia dando a las mujeres un claro sentido de igualdad, respeto y honor, aún desarrollando tareas aparentemente sin importancia.

Por eso en lo personal creo que es revolucionario que el Señor mencione a las mujeres como ejemplo para sus enseñanzas en una sociedad en que eran consideradas menos importantes, y en la que el hombre tenía preponderancia en lo religioso.

Entonces Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: —Les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros que echan dinero en los cofres; pues todos dan de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir.

Marcos 12: 42-44 DHH

Jesús fue un precursor en su tiempo a tal punto que puso a una viuda como ejemplo de generosidad y fidelidad en la ofrenda…

Jesús no explica esta parábola como lo hace con otras, por ejemplo, la del sembrador o el trigo y la cizaña, esto da lugar a que algunos comentaristas mencionen que en este caso la levadura y la mujer tienen una connotación negativa, mientras que otros argumentan lo contrario. Pero lo importante es que sin duda los Evangelios muestran a Mi Señor dándole siempre un trato digno y de respeto a las mujeres.

La Palabra menciona que muchas de ellas servían, acompañaban y sostenían a Jesús en su Ministerio. En este caso Cristo reafirma su amor y valoración por la mujer y por supuesto no adhiere a ningún prejuicio cultural al respecto.

El tema no es solo la levadura, sino lo que produce al ser integrada a la masa.

No importa la cantidad de levadura, sabemos que solo un poco es suficiente para penetrar toda la masa multiplicando su tamaño. El proceso es interior, oculto, silencioso, invisible al principio, requiere tiempo y cierto trabajo de amasado, pero produce una transformación total, modifica toda la estructura de la masa y le da ese sabor y aroma especial.

El evangelio del reino es en este sentido, artesanal, íntimo, interior, tal vez al principio los cambios radicales que produce ni siquiera son visibles. No entendemos cómo funciona, pero luego de un tiempo vemos que todo nuestro ser ha sido afectado. Esa trasformación debe darse primero en nosotros para que luego podamos “leudar” al mundo. La sustancia de la vida de Cristo en nosotros gobernando con autoridad, lo que Él llamaba Reino, nos potencia para que podamos desarrollar nuestra vida al máximo según Sus criterios y deseos.

Solo viviendo bajo las leyes del Reino de los Cielos podemos vivir de manera opuesta a nuestra naturaleza humana como, por ejemplo: el no pagar a nadie mal por mal, no vengarnos, considerar a los demás como superiores a nosotros mismos, servirnos por amor los unos a los otros y muchas otras propuestas que Dios nos hace.

¿Te imaginás una sociedad leudada por el evangelio del Reino? Ese es el deseo de nuestro Señor

¿Cuál es tu lugar para que eso poco a poco vaya sucediendo? ¿Qué decisiones tendrás que tomar? ¿Qué cosas tendrás que comenzar a hacer tal vez de manera distinta?

Solo un poquito de levadura…

Mónica Lemos

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.