Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último… Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

Apocalipsis 1:10-11a, 17-18 RVR60

 

Al escribir esta carta el apóstol Juan estaba en una circunstancia muy difícil, un tiempo de persecución, un momento que se escapa a nuestra cosmovisión porque ninguno de nosotros vivió circunstancias así. En medio de una feroz persecución se encuentran prisionero en la isla de Patmos con la necesidad de reinventar una vida en medio de lo peor, en ese tiempo de sufrimiento se produce un tiempo oportuno, y vive una experiencia única.

 

Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

Apocalipsis 1: 17 DHH

(Énfasis del autor)

 

Es un deseo de mi corazón que te suceda, cualquiera que sea tu tiempo y tu condición. Deseo que el Señor en este tiempo ponga Su mano sobre tu vida. Porque siempre hay una solución en medio de lo peor, siempre tenemos un Dios que nos va a permitir crear cosas y oportunidades en medio de las prisiones o en medio de la mayor crisis.

Pastor Hugo Herrera

 

En general, la figura de una mano es símbolo de poder, de fuerza. La mano de Dios simboliza la autoridad divina, por eso hay que tener confianza en ella. Dios Padre ha puesto todas las cosas en manos de su Hijo Jesucristo. Esa mano de autoridad puesta sobre nosotros puede afirmarnos, calmar nuestra ansiedad y temores, más profundos, protegernos en medio de la incertidumbre y abrir espacios de creatividad para reinventarnos en medio de la peor situación, de modo que también podamos bendecir a otros, extendiendo nuestras manos a ellos en ayuda práctica o en oración intercesora.

Esta protección divina pudo experimentarla Esdras durante el largo viaje que realizó hacia Jerusalén luego de ayunar y orar sobre el tema pidiendo Su ayuda para librarlos de los enemigos. Todos los que lo acompañaron transportaban riquezas, plata y oro para llevarlos a la casa de Dios como ofrenda. Cuando llegaron hicieron el recuento de todo el oro y los utensilios que llevaban, lo pesaron y lo contabilizaron en un registro.

Y partimos del río Ahava el doce del mes primero, para ir a Jerusalén; y la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró de mano del enemigo y del acechador en el camino.

Esdras 8:31 RVR 60

 

Esta historia nos recuerda desde otros tiempos, que, en medio de cualquier clase de situaciones la mano del Señor se posa y se mueve a favor de los suyos y afirmando su fe en tiempos de crisis.

 

Pero está claro en los relatos bíblicos que Dios no es un amuleto, no es el antídoto de que nos preserva de los problemas, enfermedades, debilidades, pérdidas…

Su mano, símbolo de su cuidado estuvo firme en los peores momentos de sus caudillos, escogidos, discípulos y la misma iglesia.

 

Esta es la certeza de la que habló Jesús al decirnos:

 

Jesús les dijo: —¿Ahora sí creen?  Escúchenme, va a llegar el momento en que ustedes serán dispersados. Cada uno va a regresar a su casa y me dejarán solo. Ese momento ha llegado; sin embargo, no estoy solo porque mi Padre está conmigo.  Yo les dije esto para que encuentren paz en mí. En el mundo ustedes tendrán que sufrir, pero, ¡sean valientes! Yo he vencido al mundo.

Juan 16: 31-33 PDT

(Énfasis del autor)

 

La paz verdadera, el descanso, consuelo y salud es Jesús, donde él habita se manifiesta la poderosa mano de Dios de maneras diversas e incontables.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.