Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea.

Mateo 5: 13 DHH

(Énfasis del autor)

 

Las características de la sal la hacen única y necesaria porque sirve para conservar, es soluble en el agua, y por lo tanto tiene la propiedad de ser conductora de energía eléctrica. Así es que nosotros somos la sal de la tierra y de quienes nos rodean para ser conductores de la energía del cielo.  Esta es nuestra característica como hijos de Dios, pero, si no nos sumergimos en el río de Dios no podemos ser conductores de aquello que viene del cielo.

Por eso la pregunta hoy es: ¿Qué tan soluble somos al Espíritu en medio de la realidad que nos toca vivir?

 

Pastor Milton Cariaga

 

El pastor Milton Cariaga nos recordó hace algunos días la esencia de nuestro llamado, servicio y capacidad de ser personas de influencia.

 

Jesús frente a una gran multitud habló, entre otras enseñanzas, de que debemos ser sal en la tierra. En este pasaje de Mateo 5 nos reconoció como personas de trascendencia de influencia, y como la sal cambiar y transformar lo que nos rodea.

 

Las personas cerca nuestro necesitan de estas cualidades en nosotros, según la obra del Espíritu Santo podemos ser aquellos que influyan y mantengan la esperanza y sostengan la fe de otros. Si nos sumergirnos en el río del Espíritu podemos disolvernos en su presencia y así estar capacitados para ser conductores de la energía de la Paz, el amor y la salvación que viene del cielo… Pero solo seremos más eficaces si nos sumergirnos en el río de Dios.

 

Nuestra sociedad necesita que seamos personas confiables que podamos dar razón de nuestra fe y de lo que decimos, especialmente con nuestros hechos, aun en aquellas cosas que consideramos pequeñas o insignificantes.

Ya desde el Antiguo Testamento se menciona la importancia que tenía la sal, a tal punto que se menciona como parte de las ofrendas destinadas a Dios:

 

Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal.

Levítico 2:13 RVR60

 

La sal era una parte importante de la ofrenda porque se identificaba con la «pureza», la «preservación» y el «costo». Cada sacrificio ofrecido a Dios debía ser «puro», debía ser «duradero» y debía «costar» algo. En este versículo específico, Dios repitió este precepto tres veces.

– Como conservante, la sal ralentizará o prácticamente detendrá el proceso normal de putrefacción de la carne. La carne tiene una tendencia a echarse a perder, pero las carnes curadas con sal se mantienen buenas.

– La sal también representaba la amistad. Según una antigua costumbre, un vínculo de amistad se establecía a través del consumo de sal. Se decía que una vez que se comía de la sal de un hombre, se era su amigo de por vida. Dios quería que cada sacrificio fuera el recordatorio de una «relación».

– El hecho de que Dios ordenara que cada ofrenda de granos incluyera una pizca de sal, muestra que las pequeñas cosas importan en nuestro servicio a Dios. Nuestra fidelidad en las pequeñas cosas honra a Dios.

(Enduring Word Bible Commentary).

 

Jesús puso muchos ejemplos acerca de lo cotidiano, lo conocido por la gente de su época, lo que parece insignificante, pequeño o muy común.

Vos y yo, pequeños, como un grano de sal, pero mezclándonos con aquellos que nos rodean, sumergidos, estableciendo relaciones de amistad, podemos detener la corrupción, y además hacer crecer la obra de Cristo de manera que los que necesitan puedan encontrarlo a través de nuestras palabras y acciones.

 

El servicio más grande que pueden hacer a alguien es conducirlo para que conozca a Jesús, para que lo escuche y lo siga; porque solo Jesús puede satisfacer la sed de felicidad del corazón humano, para la que hemos sido creados.

(Teresa de Calcuta)

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.