Oigan esto: Un sembrador salió a sembrar… Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; esa semilla brotó pronto, porque la tierra no era muy honda; pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz, se secó.
Otros son como la semilla sembrada entre las piedras: oyen el mensaje y lo reciben con gusto, pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes; por eso, cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, pierden la fe.
Marcos 4: 3, 5-6; 16-17 DHH
Jesús sabía que algunos años más adelante iba a volver con el Padre y tenía que dejar a su gente preparada. Sus amigos tenían que anunciar el mensaje de salvación.
Cuando el Señor ascendió a los cielos, los discípulos empezaron a compartir el evangelio en su tierra, pero como el Imperio romano los veía como una amenaza empezaron a perseguirlos y fueron esparcidos por distintas ciudades.
Actualmente en Argentina no experimentamos persecución, pero hay otros países que sí la sufren. Hay iglesias que tienen que reunirse subterráneamente, por ejemplo, las que están en países islámicos y demás, donde les prohíben hablar de Dios entonces tienen que hacerlo en secreto.
Sin vivir esas situaciones extremas, no obstante, muchas veces nos pasa que vivimos por nuestras emociones. Si nos sentimos bien, nos enfocamos en Dios y si no nos dispersamos. De esta manera nuestra forma de actuar es errática, porque nuestra vida espiritual pasa por el tamiz de nuestras emociones y ansiedades. Somos como esa semilla que no tiene una raíz profunda, cualquier cosa que pase nos desenfoca, vemos una noticia en la televisión y nos angustia. Jesús dice que esto es porque la raíz no se desarrolla, porque no profundizamos en Él ni en Su palabra.
Pastor Gabriel Nonini
Más de la mitad del territorio de Israel está cubierto por un manto desértico pedregoso. Esto continúa en la actualidad, tanto es así que este país es pionero en el desarrollo de tecnologías revolucionarias, como por ejemplo sistemas de riego artificiales, y dedican años de investigación para encontrar cultivos que puedan desarrollarse en ese tipo de suelo.
En la época de Jesús estas opciones modernas no existían y en el terreno pedregoso las semillas que caían brotaban pronto, pero no podían hundir su raíz en la fina capa de tierra que había debajo, por lo tanto faltaban los nutrientes y la humedad para que la planta siguiera creciendo. Cuando el calor del sol les daba de lleno, las tiernas plantitas se secaban.
Todo ser vivo necesita condiciones adecuadas para crecer y desarrollarse. Las plantas, los animales y también las personas. Así también con nuestro desarrollo espiritual, necesitamos bases sólidas sobre las cuales afirmarnos.
Socialmente los valores y principios que estaban vigentes en la época de nuestros padres ya no existen, se fueron socavando poco a poco y hoy la mayoría de las personas transitan sus días desorientadas y confusas, con valores superficiales que van cambiando y se acomodan a la necesidad del momento, como si ser auténtico es sinónimo de “hacer lo que siento, cuando lo siento” y esto, poco a poco se ha ido infiltrando en el pensamiento de la iglesia casi sin darnos cuenta.
Es notable ver el proceso que desgasta la identidad en Cristo de quienes no llegan a profundizar la raíz de la fe. Por eso es tan importante madurar en nuestra identidad. Es hermoso encontrar y hablar con cristianos de cierta edad adulta en quienes, generalmente, descubrimos bases en la fe que son claramente sólidas. En quienes podemos encontrar principios que tienen raíces firmes, y su amor por el Señor creció y maduró, a pesar de haber crecido en un ambiente social hostil a la fe.
Hace unas décadas los evangélicos en nuestro país eran una minoría, pero eran reconocidos por ser diferentes en su manera de vivir, y hoy es nuestro el desafío de ser reconocidos en la sociedad por nuestras convicciones y raíces firmes en medio de un mundo absolutamente cambiante. Somos ciudadanos de otro Reino, con una identidad clara. Debemos ser amorosos pero firmes, no somos llamados a la contienda ni a entrar en ningún tipo de grieta ideológica pero sí a manifestar en todo lugar la cosmovisión, los valores y los principios de nuestro Papá perfecto.
El apóstol Pablo, consciente de estos peligros que existen desde los primeros tiempos de la iglesia, exhortaba a los colosenses de manera directa, en este sentido:
Por lo tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, ahora deben seguir sus pasos. Arráiguense profundamente en él y edifiquen toda la vida sobre él. Entonces la fe de ustedes se fortalecerá en la verdad que se les enseñó, y rebosarán de gratitud. No permitan que nadie los atrape con filosofías huecas y disparates elocuentes, que nacen del pensamiento humano y de los poderes espirituales de este mundo y no de Cristo.
Colosenses 2:6-8 NTV
(Énfasis del autor)
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