Entonces regresó a la casa de su padre. »Cuando todavía estaba lejos, su padre corrió hacia él lleno de amor, y lo recibió con abrazos y besos. El joven empezó a decirle: “¡Papá, me he portado muy mal contra Dios y contra ti! ¡Ya no merezco ser tu hijo!” »Pero antes de que el muchacho terminara de hablar, el padre llamó a los sirvientes y les dijo: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo. Pónganle un anillo, y también sandalias. ¡Maten el ternero más gordo y hagamos una gran fiesta, porque mi hijo ha regresado! Es como si hubiera muerto, y ha vuelto a vivir. Se había perdido y lo hemos encontrado.”
Lucas 15: 20-23 TLA
(Énfasis del autor)
Cada vez que leo o escucho esta historia me impacta la ternura del padre. Imagino a un hombre que durante años esperó a su hijo resistiendo la tristeza y alimentando la esperanza… Pero en la imagen del abrazo al verlo regresar descubro el orgullo de un padre que finalmente comprueba la esencia y humildad de su hijo. “Este es mi hijo amado”… ¡Sí, a pesar de todo estoy orgulloso de él!
Después del bautismo, mientras Jesús salía del agua, los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él como una paloma. Y una voz dijo desde el cielo: «Este es mi Hijo muy amado, quien me da gran gozo».
Mateo 3: 16-17 NTV
(Énfasis del autor)
Así se escuchó la voz de Dios al ver a Jesús ser bautizado, el sonido de un Padre orgulloso y emocionado por ver a su hijo ser “un grande”.
Este es un gran desafío y deseo… provocar en Dios una sonrisa de aprobación porque su hijito lo está intentando y lo está logrando.
Buscar a Papá no solo por y para nosotros, sino por Él y para despertar su alegría.
No todos los días son iguales, no todos los días tenemos el mismo deseo o necesidad de pasar un tiempo a solas con Dios, pero algo puede cambiar si tu enfoque es Él y no vos mismo. Si vas así, en una búsqueda sencilla de la presencia de Dios, en ese renuevo se va a provocar un poder que inclusive va a ser como una onda expansiva para los que nos rodean.
Cuando vayas al encuentro de Dios expresale palabras renovadas, frescas, que te saquen de la monotonía y de esa relación rutinaria en la que tus oraciones suenan exactamente igual que hace muchos años.
Sí. Nos cuesta renovarnos en nuestra manera de buscar a Papá, decirle palabras nuevas y refrescar nuestro amor por Él, pero de tanto en tanto recordá la imagen del Padre que espera orgulloso a su hijo, a su hijita.
Vos y yo también podemos provocar en Dios palabras de aprobación, felicidad y orgullo.
Empezá aunque sea por cambiar el rincón donde orás habitualmente, por tener un renuevo, no solo en tus palabras sino en tu actitud para con Dios. Él también lo está esperando.
No busques lo espectacular, disfrutá de lo sencillo de un encuentro entre Papá y vos.
Comenzá con lo poco, aun con tu falta de motivación o “rutina cristiana”. Aunque no percibas sensorialmente algo espectacular no lo dudes: Papá nunca falta a una cita… a una reunión familiar.
Es ahí donde el amor de Dios no se tardará, pero sobre todo tu amor hacia Él crecerá.
Ruth O. Herrera

Leave a Reply