Amados hermanos, quiero que entiendan que el mensaje del evangelio que predico no se basa en un simple razonamiento humano. No recibí mi mensaje de ninguna fuente humana ni nadie me lo enseñó. En cambio, lo recibí por revelación directa de Jesucristo. Ustedes saben cómo me comportaba cuando pertenecía a la religión judía y cómo perseguí con violencia a la iglesia de Dios. Hice todo lo posible por destruirla. Yo superaba ampliamente a mis compatriotas judíos en mi celo por las tradiciones de mis antepasados. Pero aun antes de que yo naciera, Dios me eligió y me llamó por su gracia maravillosa. Luego le agradó revelarme a su Hijo para que yo proclamara a los gentiles la Buena Noticia acerca de Jesús.
Todo lo que sabían de mí era lo que la gente decía: «¡El que antes nos perseguía ahora predica la misma fe que trataba de destruir!». Y alababan a Dios por causa de mí.
Gálatas 1: 11-16a; 23 y 24 NTV
(Énfasis del autor)
El apóstol Pablo es otro ejemplo de alguien que recibe el llamado de Dios. Cuando relata su conversión reconoce que Dios lo había elegido desde el vientre de su madre, aunque él, de edad avanzada, tiene ese encuentro fulminante con Jesucristo camino a Damasco donde el Señor se revela a su vida. Cristo transformó su vida por completo. Como dice una canción “Si Cristo no cambia mi vida, nadie jamás podrá cambiarla”
Pastor Milton Cariaga
Tanto el caso de Samuel en el Antiguo Testamento como el de Pablo en el Nuevo Testamento son ejemplos bíblicos muy vívidos de una experiencia directa de revelación de Dios y de llamado divino a sus vidas. Te mencioné el lunes, por tomar un caso más contemporáneo, la experiencia de Josh Mcdowell, podrías vos también agregar otros nombres que en las últimas décadas visible y públicamente conocés porque tuvieron experiencias de fe que han trascendido en distintos ámbitos.
La vida cristiana es una experiencia personal e intransferible y aun cuando cada uno de nosotros puede hablarle a otro del evangelio siempre la decisión es de cada persona, por eso el énfasis está puesto en la relación íntima con Dios. Si no es solo religión y aunque te pueda conducir a una manera correcta de comportarte, solamente quedará en eso. No tiene poder porque no puede cambiarte desde el interior.
La nueva vida viene “de lo alto” se recibe por revelación y se alimenta mediante la lectura y el estudio de la Palabra, el diálogo con Cristo y el compañerismo con la familia de la fe. No importa cuál sea tu historia personal, cómo hayas nacido o la historia familiar que tuviste. Hay un nacimiento que podés elegir, podés decidir recibir el regalo de una vida nueva.
Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios. —¿Qué quieres decir? —exclamó Nicodemo—. ¿Cómo puede un hombre mayor volver al vientre de su madre y nacer de nuevo? Jesús le contestó: —Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu. El ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo. Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”. El viento sopla hacia donde quiere. De la misma manera que oyes el viento pero no sabes de dónde viene ni adónde va, tampoco puedes explicar cómo las personas nacen del Espíritu.
Juan 3: 3-8 NTV
Énfasis del autor)
Esta es una realidad que debemos revisar todos los días, es necesario que como Jesús instruyó a Nicodemo, recordemos diariamente que nacimos de nuevo y por ser nuevas criaturas nacidas en el espíritu sean visibles los cambios para quienes nos rodean. La sociedad lo necesita, y no van a producirse por buenas ideas, ni estrategias humanas.
El mundo necesita nuevas criaturas, hijos de Dios nacidos desde Su Espíritu, que permitan que el “viento sople de donde quiera” y genere los cambios que vos y yo anhelamos y todavía no podemos ver completamente en nosotros mismos… y alrededor nuestro.
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