Hermanos, les pido en el nombre de nuestro Señor Jesucristo que se pongan de acuerdo unos con otros para que no haya divisiones entre ustedes. Les pido que se unan nuevamente en torno a las mismas ideas y los mismos propósitos.
Cierto viejo solitario, vivía en las profundidades de las montañas. Cuando murió, sus parientes lejanos vinieron de la ciudad para llevarse sus cosas de valor. Al llegar, todo lo que ellos vieron fue una vieja choza con solo una letrina en un baño casi destruido. Dentro de la choza, cerca de la chimenea de piedra, había una vieja cacerola y su equipo de minería. Una mesa llena de grietas con una silla de tres patas montaba guardia junto a una delgada ventana, y una lámpara de kerosene servía como centro de mesa. En un rincón oscuro había un desmoronado catre con una gastada bolsa de dormir.
Ellos recogieron algunas de las viejas reliquias y se dispusieron a partir. Mientras se iban, un viejo amigo de aquel solitario montañés, se acercaba sobre su mula y les hizo señas para que se detengan. ‘¿Les importaría si yo saco algo de lo que ha quedado en la cabaña de mi viejo mi amigo?’, preguntó. »Vaya tranquilo’, le contestaron. Después de todo, pensaron, ¿qué puede haber de valor dentro de la choza?
El viejo amigo entró a la choza y caminó directamente hacia la mesa. Estiró el brazo debajo de ella y levantó una de las tablas del piso. Luego procedió a sacar todo el oro que su amigo había encontrado en los últimos 53 años, suficiente como para que se hubiese construido un palacio. Aquel solitario minero murió con sólo un amigo que sabía de su fortuna. Mientras el amigo miraba por la pequeña ventana observando la nube de polvo, detrás de la cual desaparecería el coche de los parientes, dijo: ‘Deberían haberlo conocido mejor”.
Esta historia nos ilustra claramente que “conocernos” …es más que sólo estar juntos. Después de varios meses de aislamiento y distanciamiento social, hoy conocernos puede tener otra connotación. Hemos trabajado y desarrollado una nueva manera de estar cerca y mantenernos unidos, y en este nuevo año todo lo que aprendimos nos ayudará a seguir entrelazados.
Compartir la vida es lo que realmente nos une y nos identifica. En la comunión se estrechan los lazos, y se profundiza la amistad y debemos seguir descubriendo nuevas maneras de lograrlo. Este es el tiempo para seguir conociéndonos y aprendiendo a trabajar nuestra unidad, y de esa forma afianzar nuestra misión.
En 2021 podemos seguir achicando las distancias y las diferencias de criterios. Fomentar nuevas amistades y disfrutar las que nos acompañan hace tiempo.
El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos. Esto, pues, es lo que les mando: Que se amen unos a otros.
Juan 15:14-17
Jesús pasaba tiempo con sus amigos y eso los transformó en sus discípulos. Él no buscó personas perfectas o iguales, al contrario, cada día que pasaban juntos los moldeaba en sus diferencias para que sean uno.
¿Este año estarás dispuesto a convivir y pasar tiempo con tus hermanos de todas las formas posibles? ¿Aún con aquellos con los que no te sentís identificado?
Tenemos que achicar las distancias y así poder extender el Reino.
Este nuevo año nuestro ministerio desea compartir a Cristo con vos y junto a vos.
Seamos parte de los desafíos y los sueños de Dios, llevemos juntos el trono del Padre al centro de nuestras vidas, familias y ciudad,
Nadie debe quedar afuera, o sin comprometerse en este plan y dejarse completar por Él, para que nuestra iglesia sea conocida por el amor, el compromiso social, la evangelización personalizada y los milagros que se provocan unidos en su presencia.
Ruth O. Herrera
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