“…Yo te he amado con amor eterno; por eso te sigo tratando con bondad”
Jeremías 31.3 DHH
¿Quién podría negarse a permanecer en un lugar donde es amado, aceptado valorado? En cada discurso, en los caminos, al cruzarse con diferentes personas Jesús se encargó de mostrar su amor.
Jesús no se queda a la espera de que nosotros vayamos a reconocerlo, se acerca a decirnos, “yo me ocupo”. Nos mira a los ojos, conoce nuestro dolor, celebra nuestros éxitos, nos ayuda en la debilidad. Y culmina su paso de manera sublime al entregar su vida.
La muerte de Cristo en la cruz es un gran grito que reza: ¡TE AMO! Y que esta semana te está invitando constantemente a no correrte del lugar de la persona amada.
Inmensamente respetuoso, otra muestra más de la valoración real de nuestras vidas, no nos violenta y permite que cada uno elija donde va a permanecer y nos insta: permanecé en mi amor.
Permanecer unido a Cristo es perdurar sabiéndose amado. Con la identidad de un hijo que disfruta del descanso porque su Padre lo cuida. Que identifica la provisión, que puede amar a otros sin celos, que puede alegrarse de las alegrías de otros.
Quienes son amados pueden extender este amor a otros en un abrazo que se extiende, se contagia, se comparte en sincera hermandad. Porque los que se establecen en el amor se encuentran en el abrazo del Padre y hacen fiesta cuando el Padre abraza a su hermano.
Al finalizar esta serie de devocionales te proponemos que en oración, apartando un tiempo de intimidad, renueves el compromiso con Papá. Expresale cuánto valorás la libertad que te dio. Que este año que ya estás transitando tu decisión sea cada día elegir a Cristo como el Rey de tu vida.
Carolina Parisi Centeno

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