Así dice el Señor, el que abrió un camino en el mar, una senda a través de las aguas impetuosas; el que hizo salir carros de combate y caballos, ejército y guerrero al mismo tiempo, los cuales quedaron tendidos para nunca más levantarse, extinguidos como mecha que se apaga: «Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados.

Isaías 43: 16-19 NVI

(Énfasis del autor)

 

“Los tiempos de cambio son una amenaza para nuestra religiosidad. ¿A qué me refiero al hablar de religiosidad? A todas aquellas cosas que nosotros hacemos muchas veces con buena intención, y que Dios incluso nos ha inspirado a hacer en algún momento, pero después con el tiempo se nos hacen costumbre y las adoptamos como si fuera la única manera en que deben y pueden hacerse. Por ejemplo: el lugar, horario y duración del culto; las canciones que cantamos; los materiales de estudio que elegimos; el organigrama que representa las distintas áreas y tareas; la forma de seleccionar a los líderes; de capacitar a las personas…

O en lo personal, los momentos que separo cada día para la oración y el devocional.  Todas estas son cosas buenas, pero cuando vienen los cambios si estamos tan aferrados a las estructuras y a determinadas formas de hacer las cosas eso va a generar crisis en nosotros. Entonces está muy bueno podamos evaluarnos… ¿Cómo estamos?

 

¿Cómo está mi religiosidad? ¿Cuáles son esas cosas que me cuesta cambiar?

Cuando se rompe la normalidad de lo que nosotros estamos acostumbrados a hacer hay crisis y podemos sentir que perdemos el control y también puede llegar un momento en el cual sintamos que nuestra fe se pone en peligro porque es un desafío hacer algo a lo cual no estamos acostumbrados.”

Pastor Gabriel Nonini

 

En el texto que da comienzo al devocional de hoy es Dios mismo el que está hablando. Le recuerda a su pueblo los milagros que hizo por ellos en el pasado, específicamente cuando los sacó de la esclavitud a la que estuvieron sometidos en Egipto. Durante mucho tiempo los hebreos habían sufrido y clamado al Señor por liberación y Él los escuchó y los sacó con mano poderosa, haciendo milagro tras milagro hasta que estuvieron a salvo.

 

Pero el pueblo pronto empezó a darse cuenta que si bien los tiempos pasados habían sido duros, el presente también les presentaba dificultades. Definitivamente eran tiempos de cambios y pronto descubrieron que no estaban preparados para afrontarlos entonces empezaron a extrañar la seguridad de la comida del lugar de esclavitud…

 

El éxodo había dejado huellas profundas en el pueblo del Señor. Cuando Él les hablaba de ese tiempo todos sabían perfectamente de qué estaba hablando. Dios les abrió un camino en medio del mar por el cual pudieron escapar, y siguió allanando el camino en el desierto.

La situación era distinta, por eso quedarse detenidos recordando el pasado no les servía. Debían renovar la fe para hacer frente al futuro. Atrás había quedado el mar seco como un camino polvoriento, y necesitaban proyectarse hacía lo nuevo y recibir agua para transitar un camino nuevo en el desierto.

¡Dios una vez más les dió lo que necesitan!

Hay que abrir los ojos y estar atentos para darse cuenta que aunque no veamos nada YA está sucediendo.

¿Por qué menciono esta situación extrema como ejemplo? Porque las personas ante las situaciones de peligro nos acomodamos como podemos, y vos y yo como hijos de Dios no escapamos a esto.

Los verdaderos cambios, los que perduran, nos sacuden y nos provocan crisis. Incluso si sabemos que son cambios buenos, al principio siempre hay incertidumbre y dudas.

Dios nuestro Papá es el único capaz de producir cambios verdaderos y sabemos que siempre son para nuestro bien, incluso aquellos que nosotros no hubiéramos elegido.

 

Cada época, cada año, todo el tiempo se presentan cambios que nos pueden descolocar… “mover el piso”. Muchas veces enfrentamos desierto, y probablemente este año que comienza también lo sea. Pero Dios sigue siendo Dios.

Su capacidad de hacer cosas nuevas es infinita. Como el pueblo de Israel nosotros también vimos y seguiremos viendo el obrar poderoso de Papá en tiempos difíciles.

Nuestra congregación lo experimentó en el año 2001, cuando en medio de la peor crisis económica de nuestro país, pudimos milagrosamente comprar terrenos y edificar Casa para Papá. Sin duda Él abrió camino donde no lo había.

El eterno presente de Dios en el obrar de Dios… ¡YA ESTÁ SUCEDIENDO! Y nosotros tendremos que aprender a transitarlo paso a paso fuertemente agarrados de Su mano.

 

Mónica Lemos

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