Yo elijo… tú eliges

Después el ángel del Señor vino y se sentó debajo del gran árbol de Ofra que pertenecía a Joás, del clan de Abiezer. Gedeón, hijo de Joás, estaba trillando trigo en el fondo de un lagar para esconder el grano de los madianitas.  Entonces el ángel del Señor se le apareció y le dijo: —¡Guerrero valiente, el Señor está contigo!

Jueces 6: 11-12 NTV

 

Gedeón estaba sacudiendo unas pocas semillas en el granero de su padre. Como en un lamento solo podía mirar su pobreza. Pero en esta historia del Antiguo Testamento vemos la esencia del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Una historia plagada de estrategias y promesas en las que Dios obra con lo insignificante y lo poco rescatando su potencial.

 

En el tiempo en que Gedeón se ve a sí mismo como la nada misma el Ángel del Señor lo llama “valiente”, algo tan inesperado como poco creíble para el muchacho.

 

Las fuerzas de Dios cambiaron a Gedeón.

Lo primero que el Señor hizo con él fue cambiar su óptica.

Cambió lo falso por la verdad. 

 

Como muchas veces nos sucede a nosotros, las verdades populares, costumbres y mitos urbanos, son tan fuertes que nos enturbian las enseñanzas del evangelio y olvidamos que “por cada mentira de satanás hay una verdad de Jesucristo”

 

Después fue por más y le pidió algo muy poco común y hasta peligroso, porque debía enfrentarse a la posible oposición de su padre y su familia, acostumbrados a rendir culto a otros dioses. Pero el muchacho creyó y accionó siguiendo su impulso y entonces obedeció.

 

Para cumplir el plan de Dios es imprescindible ver lo que Él ve de nosotros y en nosotros.

 

Tener fe en Dios sin confiar en lo que puede hacer a través nuestro es lo que limita absolutamente nuestra capacidad de servicio. Así lo vemos en esta historia como en otras en la Biblia en que Dios confió sus planes a personas débiles, pobres, fracasadas, inexpertas… vulnerables como vos y yo.

 

El Señor del cielo y la tierra sea basta así mismo y justamente por eso nos involucra en su Reino y nos da la victoria. 

Su amor supera nuestras limitaciones.

 

Elegimos cada día ser o no protagonistas victoriosos de nuestra vida y decidimos qué, dónde, cómo, con quién, hasta cuando…

Somos quienes decidimos y a la vez quienes desatamos o detenemos la bendición de Dios sobre nuestros herederos.

Así como la decisión y elección de Gedeón cambió la realidad de su familia y su pueblo, nuestras decisiones de vida cambian el futuro de nuestra descendencia.

 

Vos decidís si le permitís a Papá crear nuevas vivencias de plenitud en tu vida… el ofrecimiento está planteado: —Ve tú con la fuerza que tienes y rescata a Israel de los madianitas. ¡Yo soy quien te envía!

 

Ruth O. Herrera

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