Tipo de Devocional DEVOCIONALES
mayo

Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos, también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas”. »Entonces regresó a la casa de su padre, y
Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos, también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas”.
»Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó.
Lucas 15: 20 (NTV)
(Énfasis del autor)
El muchacho llegaba cauteloso con su discurso preparado y ensayado, pero no le dio tiempo a decirlo. Todo sucedió al revés de lo que había pensado.
Su papá lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó. Tomó la iniciativa porque la alegría de su regreso superaba cualquier decepción pasada. De inmediato, les ordenó a sus sirvientes que trajeran la mejor ropa y lo vistieran; le pusieran un anillo y le dieran sandalias.
Ni en sus mejores sueños el hijo rebelde hubiera imaginado tal recibimiento.
En realidad, el Padre nunca dejó de amarlo. Por el contrario, sentía que el muchacho estaba muerto y, al regresar al hogar, había vuelto a la vida. La fiesta comenzó porque para Papá hay fiesta cada vez que alguien vuelve a casa
Él no hace diferencia entre las personas. Da lo mismo que sea alguien que nunca supo que podía ser hijo o que un hijo perdonado aceptado y redimido entre en un período de rebeldía y se aleje.
Cuando somos hijos de Dios, podemos pecar, irnos lejos del propósito y diseño original, pero nuestra condición de hijos no desaparece. Nuestro Padre sigue estando lleno de amor y compasión y espera ansioso nuestro regreso. Sus ojos siguen atentos.
No sé cuál es tu condición, si sos quien “perdió”, de alguna manera, un hijo, hermano o amigo que se alejó y orás cada día porque esperás que regrese.
Hay relaciones rotas, dolorosas, distantes que Papá quiere que sean restauradas.
Hoy podés ser quien espera, perdona y restaura.
Terminemos estas semanas en las que pensamos juntos en la parábola de “El Padre bueno” pensando en nuestro propio entorno. Hay personas que amamos y están lejos de nosotros por alguna causa sin resolver.
Hay “pródigos” a quienes tenés que esperar en la puerta o salir a buscar.
Muchos alrededor tuyo están aparentemente cerca, pero se sienten lejos.
Dios espera en la puerta hasta verlos regresar ¿Y vos? ¿Podrás tener esa misma actitud de compasión y amor?
Dios quiere que seamos agentes de restauración. Con Él como nuestro Padre, podemos manifestar Su amor. Ese amor nunca deja de ser.
El amor es paciente y bondadoso. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.
1 Corintios 13: 4, 5 y 7 (NTV)
Mónica Lemos
04mayTodo el díaLa Herencia Presente

Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.” «Un hombre tenía dos hijos —continuó Jesús—. El menor
Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.”
«Un hombre tenía dos hijos —continuó Jesús—. El menor de ellos le dijo a su padre: ‘Papá, dame lo que me toca de la herencia’. Así que el padre repartió sus bienes entre los dos.»
Lucas 15:11-12 (NVI)
Somos herederos antes de pedir.
Te propongo imaginar la vida del hijo menor el día antes de hacer su audaz petición.
Seguramente pensó, evaluó, meditó, e hizo su elección al pedir «lo que le tocaba». Y, equivocado, redujo su identidad de hijo a la de un mero beneficiario de un testamento. No entendió que la verdadera riqueza no era lo que el padre tenía, que era mucho, sino el Padre mismo. Era él de quién dependía su herencia y su futuro.
Al marcharse con el dinero, en realidad se estaba yendo más pobre que nunca, porque estaba abandonando la fuente inagotable para conformarse con un charco que se secaba con el tiempo. El consideró más importante el usufructo y cometió un error de perspectiva
Pidió la herencia, pero en realidad solo quería el usufructo. Valoró el dinero en la mano y a su disposición, más que la fuente que lo generaba. No dimensionó que mientras estuviera en casa, la herencia no tenía límite. Al pedir “su parte” y alejarse, cambió un río inagotable por un balde. Se llevó el fruto, pero dejó la raíz.
Si somos honestos, al mirar el rostro de este joven antes de partir, muchas veces podemos ver nuestro propio reflejo. No siempre tenemos la verdadera perspectiva de nuestra bendición. Vivimos esperando nuestra «herencia» como si fuera un evento puramente futuro. Tenemos conciencia de eternidad si pensamos en las calles de oro, del cielo, de la vida eterna después de la muerte. Pero, como el hijo pródigo, nos olvidamos que ya estamos habitando en la casa del Padre.
Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo.
Efesios 1: 3 (NTV)
El apóstol Pablo nos despierta a esta realidad en Efesios. Escribió de esto en el tiempo verbal presente. Ya está hecho.
Hoy, en este exacto momento, somos herederos de una herencia inagotable.
No tenemos que convencer a Dios de que nos dé una porción de Su amor; Su gracia completa es constante y fluye cada día. No tenemos que rogar por una gota de poder; el Espíritu Santo ya habita en nosotros. Las armas de nuestra misión, que no son naturales ni carnales, son una realidad que no siempre usamos.
¿Cómo estamos usando nuestra herencia hoy? La pregunta crucial no es si Dios nos dará nuestra herencia, sino ¿qué estamos haciendo con la herencia que ya tenemos en nuestras manos hoy?
Ruth O. Herrera
05mayTodo el díaHerencia multiplicada

Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.” (…) Entonces el padre accedió a dividir sus bienes
Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.”
(…) Entonces el padre accedió a dividir sus bienes entre sus dos hijos.
Lucas 15: 12b (NTV)
Dios nos dio su herencia anticipadamente.
Recibimos nuestra parte al aceptar su paternidad y recibimos “todo”. Su herencia es Él mismo, lo que transitamos en el presente, su Presencia, los dones, nuestros talentos, Su Palabra, la paz que sobrepasa nuestra capacidad de entendimiento, la oración y el poder de Su Espíritu… Y mucho más.
Nuestra herencia se multiplica en Su casa, en Su presencia. Su amor se hace palpable y la verdad del Evangelio nos transforma.
Cuando el egoísmo, el miedo, la religiosidad y la pasividad son parte de nuestra vida, la herencia se opaca; nosotros solo comemos de las migajas.
A uno de ellos le dio 5000 monedas, al segundo le dio 2000 y al otro 1000. A cada uno le dio una parte de acuerdo con lo que le era posible tomar a su cargo. Después se fue a su viaje. Inmediatamente, el que había recibido las 5000 monedas comenzó a invertir el dinero y ganó otras 5000.
Mateo 25: 15-16 (PDT)
(Énfasis del autor)
No hay otra manera de disfrutar la herencia que invirtiéndola. Invirtiendo el Amor, provocando y desarrollando mayor capital. El amor de Dios es el capital inicial para transformar tu entorno poniendo en práctica y multiplicando la Gracia. Heredamos un perdón incalculable y tenemos que sembrarlo poniendo al servicio del Reino de Dios lo que marca tu identidad de hijo/a. Si sabés enseñar, enseñá; si sabés consolar, consolá; si sabés liderar, hacelo con humildad.
Heredaste talentos y capacidades únicas sopladas por el Espíritu Santo. Esta herencia no es sólo tuya, pero es tu responsabilidad que cada vez más hijos hereden.
Asumí tu identidad. No esperes a estar en una crisis para darte cuenta de lo rico que sos en Dios. No le pidas al Padre que te dé «tu parte» para irte a vivir tu propia vida de manera independiente. Unite y sentite parte de la familia.
Celebra que estás en Su casa. Celebrá que todo lo de Papá es tuyo, porque pertenecés a su familia.
Tenés Su autorización, Su autoridad delegada para administrar y hacer que la herencia sea incalculable.
Hoy tenés recursos celestiales a tu disposición.
Su patrón le dijo: “¡Muy bien hecho! Eres un buen siervo y digno de confianza. Como fuiste fiel con poca cantidad, te pondré a cargo de mucho. Ven y alégrate con tu patrón”.
Mateo 25: 21 (PDT)
Ruth O. Herrera
06mayTodo el díaLo vio a lo lejos y corrió

Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.” Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún
Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.”
Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
Lucas 15: 20 (RV)
(Énfasis del autor)
Hoy quiero compartir parte de un artículo que muestra desde otra realidad el amor del padre por su hijo ausente.
El hijo lo pierde todo y regresa a casa arrepentido. El padre lo ve de “lejos” y “corre hacia él…
En el contexto cultural del Medio Oriente antiguo, había un código popular que le da aún más profundidad al amor de ese padre. Era el código de la “kezazah”
En aquel tiempo, cuando un joven judío pedía su herencia familiar y la gastaba entre los gentiles, si decidía regresar a su pueblo, la comunidad entera lo repudiaba.
El insulto que significaba su acción para con el padre era imperdonable. Era el insulto más grave que un hijo podía cometer.
La comunidad se hacía eco de la situación y tenían una ceremonia específica de repudio llamada “kezazah”, que significa «cortar» o «separar por completo». Así que, si el joven aparecía en los límites del pueblo, los ancianos y vecinos salían, tomaban un cántaro grande de barro y lo rompían violentamente contra el suelo frente a sus pies. Mientras el barro se hacía pedazos, la comunidad gritaba:
«¡Así como este cántaro se ha roto, hoy eres cortado y separado de tu pueblo!»
A partir de ese momento nadie podía hablarle, nadie podía venderle comida, nadie podía darle trabajo. Era el exilio social absoluto.
Entonces el detalle que Jesús menciona en la parábola de que su padre “lo vio de lejos y corrió hacia el hijo”, tiene un sentido todavía más profundo. El hijo sabe lo que le espera, así que ya no se considera parte de la familia, es un exiliado.
Seguramente regresaba consciente de que a su paso se irían rompiendo cántaros y lazos.
Por otra, lado un hombre mayor, un patriarca de honor, nunca corría, porque implicaba levantarse la túnica, mostrar las piernas y perder la dignidad pública. Era algo vergonzoso. Pero aún así el padre puso su propio honor en juego para salvar el honor de su hijo. Corrió, lo abrazó y lo cubrió antes de que otros lo juzgaran. “Lo vio a lo lejos y corrió”. Al abrazarlo el padre declaró públicamente: “Mi honor no es más importante que mi hijo. Su vergüenza ahora es mi vergüenza.»
Es exactamente lo que Jesús hizo cada día a través de sus enseñanzas, milagros, humillaciones, y sufriendo una credibilidad que parecía depender de la cultura y de su entorno.
Jesús corrió a nuestro encuentro, se expuso primero, perdió hasta su túnica, se humilló para que seamos humillados. Canceló los cántaros de barro que el enemigo quiso y quiere romper por nuestro pecado, y nos dio el valor y la herencia que no merecíamos.
Hoy ya estamos en casa… Hoy nadie puede juzgarnos.
Ruth O. Herrera
07mayTodo el díaCreer en el cambio

Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.” El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra Dios
Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.”
El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra Dios y contra ti. No merezco llamarme tu hijo”. Pero el padre les dijo a sus siervos: “¡Apresúrense! Vístanlo con la mejor ropa. También pónganle un anillo y sandalias. Maten el mejor ternero y prepárenlo. ¡Celebremos y comamos! Mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido encontrado”. Y empezaron la fiesta.
Lucas 15: 21-24 (PDT)
Pensá detenida y seriamente por un momento… En el lugar del padre, ¿le hubieras creído al hijo?
El que miente una vez puede volver a mentir, el que fue deshonesto, seguirá siéndolo… Después de todo, es popularmente sabido que la gente no cambia.
Una cosa es un metida de pata, pero humillar al padre y “robarle” es de mala persona.
Hoy sin demasiadas palabras te invito a pensar en tu capacidad de ver al otro sin declararlo culpable por su pasado, el creer en el cambio del otro, y entonces habilitar y acompañar en el proceso esos cambios. Te invito a tomar el lugar del padre. ¿Notaste que no le pidió ninguna explicación? Se arriesgó a no hacer preguntas, a no indagar, a no pedir explicaciones, sólo creyó en su hijo.
Cuando era chica aprendí por el ejemplo de mi papá que el dar otra oportunidad tiene que ser totalmente desinteresado. Recuerdo acompañarlo una y otra vez a visitar pacientemente a sus “clientes morosos” para darles “otra oportunidad”. La verdad es que no fueron muchas las veces que tuvo éxito, pero él insistía en que creer en la persona podía ser parte del cambio. Vi cómo fue defraudado muchas veces, pero nunca lo vi cambiar de opinión.
Creer cuando nos engañaron de una u otra manera, nos lastimaron o nos ignoraron es muy difícil. Pero a esto estamos llamados. Así fuimos y somos tratados por Jesús, y así deberíamos ser.
La consciencia popular es “no te quemes dos veces”. Por eso con esta parábola que tiene tantos perfiles, tantas aristas y que fue tantas veces leída, y muchas más escuchada; hoy Papá te confronta con tu forma de creer acerca de aquel que das por perdido. Después de todo… “no hay justo ni aún uno”.
Hacé memoria y seguramente alguien necesita que ores por él, por ella. Es necesario que bendigas a quien te ofendió, que sanes tus recuerdos y des por pagada la deuda sea cual sea.
Ruth O. Herrera
08mayTodo el díaLa fiesta injusta

Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.” El hermano mayor se enojó y no quiso entrar.
Devocional
“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.”
El hermano mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió y le suplicó que entrara…
Lucas 15: 28 (NTV)
¡No, no y no! ¡No es justo! Si no es como yo quiero… No se lo merece. Yo soy el primogénito, el derecho es mío.
El padre ordena matar el cordero “engordado”, o sea, el que se reservaba para una gran ocasión. ¿No estarías indignado, furiosa? En lo personal, estaría, al menos, totalmente en desacuerdo.
Cuando era chica en la escuela y también en la iglesia jugábamos a “el que se fue a Sevilla perdió su silla”. A veces más que un juego, era una competencia feroz. Generalmente más de uno se caía, o le sacaban la última silla a propósito. Si no conoces el juego, que es muy probable, la idea era sentarse en la ultima silla disponible de la ronda.
En los juegos sencillos y en la vida en general la competencia y el tener un lugar en el podio es por naturaleza parte de la vida. Nadie cree haber nacido para ser un perdedor y estar contento/a.
La rivalidad no siempre aparece como nociva, generalmente la titulamos “justicia”.
Y en esta familia, el padre y sus dos hijos, ninguno de los herederos tenía un sentido de justicia y misericordia combinada. Pero a esto se le suma un padre absolutamente generoso y tierno.
El mejor vestido, perfumado y limpio, de tela suave. El anillo, sinónimo de pertenencia y autoridad en la casa. Sandalias nuevas, totalmente contrarias al aspecto de un esclavo que, en general, estaban descalzos.
La fiesta, la mejor comida, los invitados, la mesa ampulosa, el vino en cada copa de los comensales, un derroche de dinero. Y encima los esclavos y jornaleros como invitados. Un delirio según el criterio del hijo más sensato, obediente, capaz y sobre todo, el primogénito. Él era el que tenía la mayor parte de la herencia por ley. Y ahora el padre la derrochaba sin siquiera consultarlo. Si al menos lo hubieran hablado, si su opinión hubiese sido considerada. Pero el deslomado y cansado hijo mayor no pudo soportar el regreso del hermano desaparecido, “muerto” según su padre.
Esta historia de alguna manera refleja a toda familia sobre la faz de la tierra. Nadie puede asegurar que en la historia familiar no hubo o hay peleas, desacuerdos, herencias, y al menos alguna mala intención. Algún capricho del estilo “Si no es mi idea, no estoy de acuerdo.”
Al terminar esta serie de devocionales hemos transitado varios perfiles de la historia, y en todos pudimos identificarnos.
Hoy pensemos en nuestra familia, en las relaciones más cercanas o más bien distantes, en los conflictos heredados y en el “tener la razón”.
Muchas veces hay rivalidades heredadas. Otras veces distanciamientos sin saber el motivo. ¿Te suena cercano? Entonces usá tu herencia para acercar, recomponer, re conectar y no te quedes afuera del plan del Padre, que es “la unidad”. Entre los tres protagonistas elegí al que dio otra oportunidad y dales a otros la injusta oportunidad de la misericordia.
Ruth O. Herrera
11mayTodo el díaEl desafío de las relaciones

Devocional
“Acompañando el estudio de las parábolas en las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos diferentes temas basados en dichas parábolas también desde nuestros devocionales”. Pedro se acercó a Jesús y preguntó:
Devocional
“Acompañando el estudio de las parábolas en las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos diferentes temas basados en dichas parábolas también desde nuestros devocionales”.
Pedro se acercó a Jesús y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete —contestó Jesús—.
Mateo 18: 21y 22 (NVI)
Este diálogo ente Jesús y Pedro se da en un contexto particular y nos ayuda a profundizar en la parábola de los deudores que veremos en las redes.
El capítulo 18 de Mateo comienza con una pregunta. Los seguidores del Señor querían saber quién era el más importante en el reino de los cielos. Esta inquietud revela lo que había sus corazones ¿estarían pensando qué tendrían que hacer para lograr ese lugar de honor? Jesús llamó a un niño, lo puso como ejemplo y los confrontó con la única condición: ¡tenían que volverse como ellos! Para alcanzar la grandeza había que volverse pequeño. En otras palabras, el orgullo debía dejar paso a la humildad.
Luego los exhortó a no hacer tropezar (pecar) a nadie para que se cumpliera el deseo del Padre de que ninguno se pierda. A continuación, planteó cómo se debe proceder cuando un hermano peca contra otro. Más que una regla rígida de pasos que se deben seguir, el objetivo de Jesús es que se procure la reconciliación en las relaciones por todos los medios posibles. Esa es la condición para la promesa que sigue y que a todos nos encanta:
» Además les digo que, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Mateo 18: 19 y 20 (NVI) (Énfasis del autor)
Ahora bien, es muy difícil lograr ese acuerdo si hay ofensas sin resolver entre nosotros. La vida cristiana se desarrolla en comunidad y si las relaciones rotas no se restauran La comunión se rompe. Podemos recurrir a algunos “atajos” humanos como negar el conflicto; esquivar a la persona; fingir que todo está resuelto, etc. Pero la propuesta del Señor es dejar el orgullo de lado y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para recuperar al hermano. La prioridad de Cristo es restaurar la armonía que se perdió, luego podremos ponernos de acuerdo y pedir lo que necesitamos en la certeza de que El Padre lo concederá.
Para Jesús esta dinámica de relaciones sanas es tan vital que, en otra ocasión, menciona la necesidad de reconciliarse con el hermano antes de dejar la ofrenda en el altar. Estas son las leyes del reino al que pertenecemos. Para cumplirlas, debemos tener el corazón alineado con el del Rey. Y es imposible sin el poder del Espíritu Santo.
A comenzar esta semana, pedile humildad y sabiduría del cielo a Papá para poder ser un facilitador de relaciones restauradas en tu familia y en la congregación. Trabajemos juntos para que la oración de Jesús sea una realidad entre nosotros.Yo les he dado a mis seguidores el mismo poder que tú me diste, con el propósito de que se mantengan unidos. Para eso deberán permanecer unidos a mí, como yo estoy unido a ti. Así la unidad entre ellos será perfecta, y los de este mundo entenderán que tú me enviaste, y que los amas tanto como me amas tú. Juan 17: 233 (TLA)
Mónica Lemos
12mayTodo el día¿Cuántas veces es suficiente?

Devocional
“Acompañando el estudio de las parábolas en las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos diferentes temas basados en dichas parábolas también desde nuestros devocionales”. Pedro se acercó a Jesús y preguntó:
Devocional
“Acompañando el estudio de las parábolas en las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos diferentes temas basados en dichas parábolas también desde nuestros devocionales”.
Pedro se acercó a Jesús y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete —contestó Jesús—.
Mateo 18: 21y 22 (NVI)
Recordá que esta pregunta se da a continuación de la situación que el Señor planteó unos versículos antes. Según la regla rabínica de la época había que perdonar un máximo de tres veces. Pedro, tal vez para impresionar al Maestro, llevó ese número a siete. Más del doble. Era un gran sacrificio para un pescador que, llevado por sus impulsos, se enojaba con facilidad.
Hagamos un viaje imaginario en el tiempo… El primer crimen que se menciona en la Biblia nace de la ira de un hombre contra su hermano. Caín se enfureció porque al Señor le agradó más la ofrenda de Abel que la suya. La ira y el rencor de su corazón hicieron que planeara el asesinato de Abel y lo llevara a cabo. El Señor lo confrontó con su pecado y Caín no se arrepintió. Aun así, obtuvo misericordia: Se le puso una marca para que no lo asesinaran. Si eso sucedía, quien lo hiciera sería castigado siete veces.
La violencia de Caín se transmitió a sus generaciones. Tanto es así que Lamec, uno de sus descendientes, expresó una terrible sentencia:
he dado muerte a un hombre por haberme herido, y a un muchacho por haberme pegado. Si siete veces es vengado Caín, entonces Lamec lo será setenta veces siete.
Génesis 4: 23b y 24 (LBLA)
(Énfasis del autor)
¿Es posible que Pedro tuviera en mente la historia de Caín cuando hizo la pregunta? No lo sé. Pedro también era iracundo; el número coincide y Jesús respondió exactamente en la misma línea. La gran diferencia es que, ante la violencia y el deseo de venganza sin límites, el Señor propone el perdón sin límites.
La reacción ante una ofensa o pecado contra nosotros depende, en gran parte, de nuestro temperamento, y es propia de nuestra naturaleza caída: si somos impulsivos, daremos rienda suelta a la furia y nos vengaremos; si somos retraídos, tal vez no devolvamos el golpe, guardaremos rencor hacia el ofensor. Por eso el Señor, cuando de un grupo de esclavos formó una nueva nación, instituyó una serie de leyes de santidad y justicia. Entre ellas menciona las siguientes:
» No alimentes en tu corazón odios contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado. » No seas vengativo con tu prójimo ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
Levítico 19: 17 y 18 (NVI)
¿Cuál de estos temperamentos te caracteriza, sos impulsivo o retraído? Tomá un tiempo delante del Señor y pedile al Espíritu Santo que te muestre cómo proceder de acuerdo con la nueva naturaleza que recibiste al creer en Cristo.
Mónica Lemos